BAJO LAS LILAS ES EL PRIMER LIBRO QUE RECUERDO HABER LEÍDO- DE MUY NIÑA- EDITADO SIN ILUSTRACIONES, o muy escasas- portada y aisladas en capítulos- (quiero significar: primer paso hacia una literatura sin apoyo visual, que es lo que requieren generalmente las publicaciones infantiles) Lo cito porque creo que no sólo lo cercano (en tiempo y espacio) es grato a un lector. Niños y adultos gozamos de viajar con el imaginario, escuchar otras voces, pensar otros lugares y realidades.



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lunes, 8 de febrero de 2010

Para papá de mi alma, que ojalá haya cielo y desde allí me alivies el dolor. Gracias papito por todo, lo que me diste RALF(FITO)15/02/1920- 07/02/2010

Cebollas coloradas
Ahora que lo pienso- retrospectivamente- se me ocurre que debió ser por la cebolla.
Yo ya sabía que las cebollas hacen llorar, desde chica que lo sé. Cuando mi abuela picaba sobre la tabla gastada-clacclacclac-, de vez en cuando alzaba su mano - armada con cuchillo de carnicero y doblada bajo el delantal-, para secarse una lágrima que le corría por la carita de india arrugada, y otra que bajaba desde sus ojitos verdes
También lo sabía, porque cuando mi mamá hacía empanadas de carne, había que cortar pilas de cebollas y allí fue que aprendimos a huir de la cocina, para que no se nos contagiara su llanto de cebolla. (Por otra parte hay que aclarar que mi mamá contagia el llanto, así que por ahí no fue cuestión de hortalizas, sino algo que tiene que ver con ella, que tiene alma de tango.)
Cuando fui creciendo también marché bastante rápido a la cocina y terminé de comprender definitivamente, que las cebollas hacen llorar.
- Cuando yo era chico- dijo mi papá- tenía una huerta y cultivaba en esa tierra donde crecía de todo, almácigos de cebollas que después trasplantaba.
- ¿Se trasplantan las cebollas?- pregunté yo que soy urbana , aunque tengo un cuadradito semifértil, donde crecen un árbol, una enredadera, salvia, menta, perejil, y orégano(porque la albahaca se murió), y conviven con plantitas en macetas que van allí a terapia intensiva (por la sombra y la vecindad)
Entonces vino la explicación de las cebollas, y algunos empezaron a declarar asuntos de cultivo, pero yo ya había hecho el recorte del niño huérfano de padre- que querés si mi papá murió cuando yo tenía dos años-con las manitas inexpertas sucias de tierra negra y gorda.
Ahí me acordé de mi otra abuela, que era grandota y andaba (dice mi papá) con una escopeta porque se había quedado sola en el campo con muchos hijos e hijastros (parece que el abuelo se murió en una improvisada mesa de operaciones- la de la cocina familiar- cuando el médico no pudo detener la peritonitis). En realidad si me acordé de la nonata – que así le decíamos para diferenciarla de la otra mas chiquita- fue porque mi papá volvió a contar algo que recuerda, con fijeza y perseverancia: a pesar de todos sus esfuerzos, destinados al cultivo de la cebolla colorada, ella las prefería blancas y se las compraba al verdulero que llegaba en un carro no sé si una vez al mes, o una vez a la semana.
- Yo quiero un pedacito de ese campo- dije entonces y -¿Adónde está ese campo?
Seguro esa, es otra historia, pero me gusta imaginar que tal vez cada uno tenía algún fragmento que fue dejando mientras crecía y hoy somos una saga, que suele entenderse mejor, con voces del alma, de distancias, de añoranzas, de tesones, de búsquedas, de convicciones, de amor, todo encerrado en capas y capas de cebollas coloradas.

Isabel, último día del 2006

1 comentario:

  1. De chiquitita creí (sin que nadie me lo inculcara)que cuando alguien moría, en ese mismo momento un bebé nacía con el almita del que se iba... Luego que falleció mi nono (yo tenía 8 años) cambió todo porque le pedía todos los días que me dé señales de que seguía cerca mío...y lo sentía muy así, cerca mío. Aprendí a convivir con su almita, de verdad. Hasta que un día, no sé cuál, descubrí que ya no estaba. Es que se había ido del todo... Le pregunté y me pregunté por qué y no sé como supe que era porque al fin él había visto que todo estaba en orden...que ya todos sus seres queridos se habían acomodado a su inexistencia física aunque jamás lo olvidarían, y es así, porque a pesar de que yo era una niña muy pequeñita recuerdo con mucho amor el valor de su presencia, su ser, y no me duele ya que no esté, aunque lo extraño y quisiera que me siga enseñando muchas cosas, sé que está donde Dios quiere, y eso es lo más importante...
    No tengo más palabras para compartir con vos en este momento más que éstas, que expresan cosas que nunca había transmitido ... imaginación, inocencia, ilusión...en fin, sentimientos...
    Te sigo, viste?!
    Te quiero mucho Isa! Un besote!

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