BAJO LAS LILAS ES EL PRIMER LIBRO QUE RECUERDO HABER LEÍDO- DE MUY NIÑA- EDITADO SIN ILUSTRACIONES, o muy escasas- portada y aisladas en capítulos- (quiero significar: primer paso hacia una literatura sin apoyo visual, que es lo que requieren generalmente las publicaciones infantiles) Lo cito porque creo que no sólo lo cercano (en tiempo y espacio) es grato a un lector. Niños y adultos gozamos de viajar con el imaginario, escuchar otras voces, pensar otros lugares y realidades.



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viernes, 5 de febrero de 2010

TRENES, MAESTROS, NIÑOS, MARIELA

Qué bueno lo que Mariela comenta en el blog, además me manda un boleto del tren de Paiva, que adjunto porque es una reliquia.
Yo fui una de las personas que todavía pudo viajar en tren, antes de que todo desapareciera en la pseudo posmodernidad. Gracias al tren, nosotras, las docentes que éramos de Santa Fe, podíamos llegar a dar clases a nuestros alumnos. Yo estaba en una escuela cercana a la ruta por la que entraba el ómnibus, pero otras docentes no podían ir de no mediar el tren.

Mariela me hizo recordar, que antes era muy difícil trabajar cerquita, era bueno conocer otros ámbitos, otro modo de ser, sentir y pensar, era bueno reírse con los compañeros y que el portero te esperara a las siete de la mañana en la puerta, con el agua caliente, para sacarte el colorado de la nariz…¡cómo me mojé el primer día que fui a Paiva!...de ahí en más, a la primera nube, bolso preparado desde la noche con paraguas y botas de goma…

Anécdotas: hacer dedo y volver en coche fúnebre, volver en camión de carga, volver con los policías que una vez, para asustarnos, nos mostraron las fotos de una escena espantosa...

De esos tiempos guardo casi todos recuerdos buenos, pero hay uno que no, que tiene que ver con un alumno de los que hoy llamaríamos: marginales. Más que recuerdo es un hecho real, que ojalá no hubiera sucedido, pero me sirvió para aprender y también para enseñar después que hay que mirar con más atención, que hay que aprender a mirar.

Aunque parezca digresión traigo a cuento que mi hija Agustina escribió en un práctico sobre niños de la calle o niños que trabajan: “Hay quien enuncia que el niño trabajador es tratado en la escuela con un infantilismo que, nada tiene que ver con sus vivencias de la calle y las responsabilidades que ha asumido. Todo ello contribuye a descolocarlo y desubicarlo y por ende, a hacerlo enajenar del ámbito escolar. Así es que los chicos de la calle sufren un doble esfuerzo de disociación, sobre todo teniendo en cuenta que, este chico, en la escuela es tratado como un niño y afuera cumple el rol de adulto.”
En principio, esta afirmación no me gustó nada, pero después reflexioné que a veces por inexperiencia o sensibilidad errática o puesta en otra cosa, por premuras, por descuido…dejamos de ver a los chicos, a todos los chicos…nos quedamos con los más “buenitos” y “que responden”, entonces la realidad es seguramente lo enunciado en el párrafo anterior.

Para contar mi recuerdo ingrato, adjunto una historia cortita, es triste, pero tal vez a alguien le ayude a pensar o le enseñe como me enseñó a mí:
Roberto
Como Roberto era un niño desobediente, siempre contestaba a la maestra y hacía lo que quería más que lo que tenía que hacer, era muy difícil mantenerlo en el banco.
Estar quieto, escuchando atentamente las exposiciones era sumamente importante ¿Cómo si no podría llegar a aprenderse la conjugación de los verbos copulativos y no copulativos? ¿Cómo iba a corregirse ese lenguaje traído de no se sabe qué ámbitos empobrecidos?
La maestra era casi una niña, una jovencita con guardapolvos minifalda, pelo largo brillante y una sabiduría muy de libro, muy de terciario.
Para ubicarlo en su sitio, ya sea hilera, o aula, a veces quería tomarlo del brazo, era un brazo tan flaquito, tan descarnado y tan huidizo que ella lo sentía como ala de pájaro.
Tenía pelo medio castaño enrojecido de tanto andar al sol por el campo.
Ella a veces intentaba la ternura para buscar acercamiento, aprendizaje, pero Roberto tenía la delgadita piel curtida de aires menos suaves.
A Roberto, como a otros chicos, del campo, de la calle, el guardapolvos nunca le quedó muy bien…o bien roto por un encontronazo con otro valiente, o sucio, o chico, o grande…siempre como colgado en una percha equivocada.
La maestra estaba tan feliz con las bondades de sus otros alumnos, que lo de Roberto le parecía una piedra en el camino, que por qué no hacía las tareas, que la carpeta destrozada, que las inasistencias, que el desafío, que la risa cuando no correspondía con sus dientitos filosos y manchados de niño mal cuidado, mal alimentado, mal, mal…
La libreta insuficiente, a ver si reflexionaba, a ver si aprendía que la escuela no es cualquier cosa, que es una institución, que tiene reglas, que hay que tener valores, como el respeto, la obediencia, las ganas de ser educado.
No asistió al acto de fin de año. Comenzaban las entonces largas vacaciones de verano, feliz la maestra que venía de la ciudad, de suspender sus viajes, de descansar, de poder pasear, divertirse, despreocuparse.
Roberto no apareció en diciembre, para rendir los exámenes. En un armario se quedó la libreta de un único chico, de un alumno que se iba a marzo.
Pero no fue así, no se fue a marzo, se fue tras los pájaros, a cazar, y un zanjón se lo tragó. Era tan chiquito, tan poquita carne que nadie lo vio-así le contaron a la maestra-
Refirieron, cuando el nuevo año empezó y lo daban por desaparecido, que en un campo hallaron unos huesos y una gomera aferrada en la mano consumida.
La maestra fue al velorio, había un cajoncito tapado, marrón, reducido, flores de plástico y olor a humedad, nadie investigó, nadie se interesó, hubo rumores de violación, de asesinato, pero todo se quedó en el olvido fácil que acompaña a la ignorancia, a la pobreza, a la injusticia.
Pareciera una vida corta sin sentido, pero al final le enseñó a la maestra que los verbos copulativos ser y estar, se viven y que parecer no es tan importante


3 comentarios:

  1. Cuántas anécdotas cargadas de humanidad recolectamos en el intercambio diario con nuestros queridos alumnos, cuánto ánimo de educar y amor a la profesión hay que tener para salir adelante con ellos en este recorrido tan especial que es el paso por la escuela...
    A pesar de mi corta carrera, he ido recolectando muchas historias protagonizadas por individualidades muy particulares: niños! Historias para guardar en mi cajoncito de los recuerdos de mi corazón. Algunas acompañadas con vivencias realmente complicadas; pero llevo también junto a éstos un haber positivo, en que se han logrado superar obstáculos y/o solucionar problemas...de los que a veces se aprende que la próxima..podemos utilizar otra estrategia..mejor, o no...aprendizajes. Son esas cosas que nos dan fuercitas para seguir aumentando cada día esas ganas de estar ahí, en el aula, junto a cada personita. Y claro que no nos debemos aferrar a la idea de que adquieran todos los tiempos verbales para decir que terminamos con los contenidos de la unidad 3...En algunos casos los contenidos que llevan esas cabecitas, lejos están de las espectativas pedagógicas de los docentes. Por eso es tan importante conocer a quienes están allí sentaditos y tener en cuenta también sus miradas, que indican como debemos trabajar a la hora de planificar, juzgar aprendizajes de los chicos, juzgar nuestras enseñanzas... Ufff, si hay por aprender!!!
    Gracias Isabel por tener en cuenta el boleto! Ahora me pregunto...Quién abrá viajado con él, qué día, con qué estado de ánimo, en qué estación del año, cómo estaba el clima, quién habrá sido el guarda que lo marcó (porque está controlado, viste? tiene los agujeritos)...
    historias...
    Beso!!!

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  2. ((en el último párrafo)Quién HABRÁ de haber, no de abrir...obvio que esa h no fue presionada!! qué feo! Repasando el blog encontré ese terrible error físico al escribir..

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  3. Suele suceder...No importa, lo importante es el contenido

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