BAJO LAS LILAS ES EL PRIMER LIBRO QUE RECUERDO HABER LEÍDO- DE MUY NIÑA- EDITADO SIN ILUSTRACIONES, o muy escasas- portada y aisladas en capítulos- (quiero significar: primer paso hacia una literatura sin apoyo visual, que es lo que requieren generalmente las publicaciones infantiles) Lo cito porque creo que no sólo lo cercano (en tiempo y espacio) es grato a un lector. Niños y adultos gozamos de viajar con el imaginario, escuchar otras voces, pensar otros lugares y realidades.



Lo que aparezca en mi blog, sin referencia externa, puede ser utilizado citando la fuente.

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Muchas gracias a los que envían comentarios a mi correo!

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Naranjo en flor

Te guardo                                              
Cuando volabas con las hojas del otoño
Pueril. Recién lavado
Pelo largo. Airoso.
Y podías encender la mirada
Y ver
“Perfume de naranjo en flor”
Igualmente te encuentro
cuando el agua riega las plantas
y el aire lleva
romero y malvones
orégano y albahaca
Hojas verdes
bajo la media sombra
Nos sentamos a comer el pan
Casero
A beber el vino
de hablar
u olvidar
“que me ha dejado acobardado
como pájaro sin luz”
Isabel Bertero

Imagen en:http://www.artmajeur.com/index.php?go=artworks/display_list_artworks&login=martinus&mini_gallery_id=1010589&artist_id=22308&image_id=219285&disp_m=normal&serie=1

sábado, 10 de diciembre de 2011

Extrañamientos

                           
En el teléfono están las voces
Intereses, problemas, necesidad
Infancias, escuelas, poder, religión,
Edad, afecto, desamor, tiempo, trabajo.
En la calle están las voces
(también reclaman en la puerta)
Escuchar
cierra las propias palabras
Las corazas las rebotan
Imposible atravesar
Certezas y fingimientos
Convenciones
Algunas cosas pueden modificarse
El yo
Es el vínculo más fuerte
Búsqueda de espejos
Pistas
armadas con imágenes
palabras, gestos,
causalidades y casualidades,
recuerdos,
distancias
y concurrencias.
Esperar el encuentro
En el entramado de genes
se tejen las historias
Siempre ajenas, diversas, únicas
Revelar
¿Qué revelar?
Retazos seleccionados
Según el otro, el momento,
Las señales,
como sinergia
A veces, la preguntapresunción
Libros, cine, música,
mirada, palabra, un asomo
Sentidos afines
Fuego breve
que se atesora
No existen mapas
Sólo introspectivos

lunes, 14 de noviembre de 2011

Zapatos

Siempre me han llamado la atención los zapatos. Están los zapatos de la memoria. Los que mi madre guardaba en su mesa de luz o en el ropero, con tacos altos y que sólo pude usar en el juego infantil, porque ella es pequeñita, de baja estatura y yo muy alta. Dos cuestiones : cuando llegó la edad para usarlos, tuve que buscar tacos chatos porque me sentía una gigante adolescente, y además los de mi madre- de talla treinta y siete- eran número y pico menos.
A esos zapatos blancos, negros, de taco fino y alto asocio el lápiz de labio, que se me ocurre colorado y encerrado en un cilindro metálico, y también que “no se usaban para jugar” porque se podían romper los arcos. Eran los de salir, cuando mi padre se ponía como siempre saco y corbata, y mi madre uno de sus trajecitos entallados, de lino o de hilo, color celeste, blanco o azul, de falda angosta y talle ajustado.
Los de mi padre siempre fueron de cuero brillante, acordonados y en punta, a veces redondeada- según las modas- debe haberlos comprado en El Sportman, si es que vendían zapatos, porque de allí procedían todos sus trajes y corbatas.
Las zapaterías que recuerdo eran Grimoldi y Tonsa. En Grimoldi había una especie de carrusel pequeño, que se hacía girar con una rueda en el medio. Estaba sobre un sector con una alfombra verde, para que los chicos se entretuvieran en las esperas o mientras sus padres compraban. Una pared tenía dibujos de Disney: Mickey, el pato Donald, y no me acuerdo qué más.
En las zapaterías había un artilugio que hoy no se usa, donde tomaban la medida exacta del pie, así podías calzar “y medio”, medida desaparecida que tenés que conformarte con el treinta y ocho o el treinta y nueve aunque te quede un poco grande.
Los últimos zapatos que usó mi abuela, eran bajos, porque ya no podía subirse a tacos aunque fueran anchos, pero rememoro unos que eran festivos, negros, con un moño de gros que podía ponerse y sacarse. Si los sacabas quedaban clásicos. Siempre tuvo miedo de perder los moños.
Mi padre se enorgullecía de sus zapatos “Guante”, parece que era una línea muy cómoda y fina.
Los zapatos, eran artículos de lujo para familias numerosas, sobre todo para nosotros que teníamos que diferenciar los escolares de los de todo andar y de los de salir, hasta que de tanto cuidar te quedaban chicos.
No recuerdo haber usado mucho zapatillas; como anhelo insatisfecho, me pasé años usando sólo zapatillas deportivas u otras más “arregladas”, cuando pude decidir por mí misma.
Evoco especialmente unas botas de goma que eran mi delicia, livianas, que tenían una forma adorable. Cuando llovía y me permitían ir a la escuela con esas botas me la pasaba tratando de mostrar los pies, me detenía en el pasillo del aula, fingiendo examinar un papel caído, para que mis compañeros de clase pudieran observar lo bien que a mi criterio me quedaban.
Quizás todo se debía a un complejo de altura, porque con las botas, me sentía al ras del piso. En cambio los zapatos escolares eran poco elegantes, creo que “Gomicuer”, con gruesas suelas de goma y presillas con hebillas.
Cuando fui a la escuela secundaria estaban de moda los mocasines “Guido” o “Lucca Spinello”, (había otra marca que no tengo presente), pero en mi casa- rigurosos del cumplimiento de normas- me compraban unos horribles que vendían las monjas para complementar el uniforme escolar que te enviaban a comprar a Menvil Sport (no sé si se escribía así). Allí,todo salía carísimo, desde la pollera tableada, el chaleco, la boina, la camisa y ese sacón mal hecho que uno rogaba no hiciera frío.
Como “venganza” estuve después por años llevando los mocasines de variados modelos que me gustaban de adolescente. Me gustan también los acordonados, siempre que se han usado según los cambios en las modas he tenido un par.
Cuando hoy camino con mis hijas por el centro comercial, o vemos zapatos de moda, o ciertos colores, suelo decir: tuve unos así.
Por ejemplo color fucsia, o con pulsera, o de taco chino, etc. etc.
Hoy en día las tres mujeres de la familia, cuando tenemos que comprar zapatos damos muchas vueltas, es como si tuviéramos un dibujo en la cabeza y hasta no dar con ese diseño, no quedamos contentas.
Por otra parte no me gusta tirarlos y aún recuerdo con afecto, algunos que tuve que regalar, porque la casa estaría repleta de zapatos y digo: tales…hoy vuelven a usarse
Cuando mis hijas eran pequeñas, les compraba los más bonitos de colores: azul, colorado, a cuadritos, blancos, suela, con presillas, con pulsera, con botoncitos primorosos.
Como todas las nenas, jugaron con mis zapatos, y también pasaron por la etapa “estos son muy altos para mi estatura”, ahora se compran tacos, no tan altos, pero prefieren-como yo- las zapatillas.
No sé por qué esta reseña referida a zapatos. Debe ser un modo de pensar los pasos.

sábado, 29 de octubre de 2011

Mirada

Niño pobre.Virgilio Pellegrini

Se ha perdido un niño
Y no salen carteles a buscarlo
Un día sí, otro no
Lo veo
Algunos conocemos que ya no está:
Mirar  sus ojos
Escuchar la voz
Plañidera
Si quiere convencer
O  agresiva
En defensa de todos los olvidos
Nosotros
Que vivimos con cielorraso
Que dejamos las monedas
Perdidas en los abrigos
Adoptamos  ignorancia
La inventamos
Para desconocer
En caso contrario
Tendríamos que tener hambre               
Ir con zapatillas
Recibidas o robadas
Meter los pies en el barro
Usar ropa ajena
Desteñida
Ser desde siempre
Adultos sin esperanza  
Tendríamos que pensar
Y hacer
Nunca  nos perdimos
No sabemos
Niños desaparecidos
Tocan el timbre
Y  mendigan
Quisiera darles libros
O sueños
Pero les doy comida
Quisiera darles infancia
Pero me descuido


           Isabel Bertero
Imagen de:
http://www.artelista.com/obra/9803410483979625-ninopobre.html

domingo, 16 de octubre de 2011

DÍA DEL HIJO

Hace tiempo mi madre era el olor a pan, a tortas, a mermeladas, la mano fresca en la frente caliente, el beso en la noche antes de dormir, el guardapolvos blanco planchado con almidón, el patio limpio a baldazos de agua, el olor a tierra de las plantas regadas, el mate y la charla inconsistente, las preguntas, las discusiones, los anhelos expresados en la mirada, las exigencias, la vida que empujaba.
Hace tiempo era la referencia del hogar, los sacos y camisas de mi padre, alineados prolijamente en el ropero. Las demandas. Las culpas. Los estímulos.
Yo siempre un poco madre, un poco en deuda, un poco deseosa de envolver la alegría y regalársela en paquetes primorosos, de navidad y cumpleaños, con papeles crujientes y brillantes. Empeñada sin saberlo, en encerrar el pasado en un equipaje y devolvérselo con sus perfumes y sus recuerdos, con sus voces, con sus alientos vitales.
Hoy mi madre es una niña, que quiere protección (y yo he quedado huérfana, hace rato) Entonces, transito un tiempo de hijos jóvenes y una hija viejecita, dolorida de cuerpo y de alma, tal vez por eso quiero que no sea el día de la madre, quiero llamarlo día del hijo para agradecer la cuna y los pañales, los llantos en las noches, las palabras primeras, el ganar espacio con toda la adhesión y la premura, con los castillos, los libros,   las músicas, las magias, las fantasías,  los sueños y los empeños, los abrazos. Y la realidad.
¿Cómo fue que se amontonaron los cuadernos y las hojas, que los lápices de colores y los bolígrafos se gastaron, que descubrieron el afuera,la vida y los otros?
Parece un trabajo arduo, y sin embargo, es sólo la suma de los días, y el despertador, la ropa que crece, y los zapatos, los días  que avanzan sin permiso.
Y también es mi cara cambiada ¿Cuándo dejó de ser la de una chica, cuándo dejé de llevar de la mano a mis pequeñas, cuándo se llenó de guirnaldas y piñatas mi casa por última vez?
¿Cuándo dejé de correr entre la casa y el trabajo, cuándo me aprendí las edades nuevas y los tiempos estrenados?
Fueron los hijos, así que no creo en el día de la madre, sino en ellos que se vinieron pisando los talones, y que llenan de alegría o de tristeza, de exigencias y préstamos a futuro, de vínculos que las arañas tejen, cuando nadie las ve, para quedarse en el aire como mapas de tesoros escondidos, que cada uno sigue, según itinerarios íntimos. Y diversos.
Me gustaría no volverme nunca tan hija, tener algo de madre cotidiana por mucho tiempo, pero el futuro no se adivina, ni se predice, así que todo es incógnito. Hoy es quizás todo.
Para mi madre –hija, para mis hijas: Todo el amor. Crecer punza , y  fuimos trepando juntas con este marco de existencia, del que nada sabemos más que hurgar, buscar, reconocernos, desconocernos

Basualda, Héctor
Figura sentada en el patio
Isa Bertero                               

viernes, 7 de octubre de 2011

Versos desavenidos de amanecer lluvioso

Noche y sueños
Cuando nadie la ve
La noche se sienta en un sillón hamaca
Y recuenta sueños
En collares de lapizlázuli                                    
Sueños que algunos recuerdan
Distintos narran
Otros olvidan

Desórdenes
Alguien le pone al orden
Sinrazones
Y moños de infancia
En el pelo                                                                                           

Amor
El amor se quedó quieto
Para que rebusques
El abrazo y el beso
Y le muestres el alma





Amigo
Vinieron
Bajo el gris
Y la lluvia
Para quedarse con la sonrisa
La palabra de afecto
La pátina de luz en la mirada
Ahora ya estás
Impenetrable (igual te hablo)
En la energía
Que nadie comprende

Tras la Muerte
Acontecen  muertes pequeñas
Un pedacito del juego:
Espacio  vacío
Sólo de presencia física
No  podemos descifrar
Si estás al tanto
De esta permanencia
Si estás ajeno
O junto

Perseguimos mitos
Que justifiquen
La condición humana.
           Isa Bertero  (Dedicado a Claudio Frutos: la sonrisa)



lunes, 3 de octubre de 2011

Sentimientos políticos








Somos eslabones sueltos                              
Entre el pasado vicioso de recuerdos
Y este presente reproducido                                                                      
Con ilimitadas imágenes, sonidos.
Pensares y letras. Políticas y designios
Palabras:
Economía. Crecimiento
¿La imaginación al poder?

(referentes distantes)
Realidad imperiosa
Miramos los blancos-negros-grises
Colores apagados
De aquellas fotografías
Cada sonrisa congelada
Cada vestido psicodélico
Falda corta
Suéter negro
Camisas y corbatas desafiantes
El pelo lacio
O de peluquería con laca
(Incongruente)
Los Beatles. Creedence
Las marchas de los carnavales
Las románticas melancólicas
Rock nacional
Debates por ideas indomables
Textos. Panfletos
La bondad y la creencia
El trabajo diligente
La esperanza de hacer, hacer
Desde el lugar pequeño
En el mundo
Ancho. Ajeno. Diverso
Con la invención de salvar
Lejana la crueldad
(en libros y diarios)
Hasta que llegó
Escandalosa .Inhumana
Mucho después
La impresión de reencontrar libertad
Para todos
Exiguo tiempo
Con urgencia abrumado
La consigna: salvaguardarse
Descubrir
Alientos resistentes,
Otros deshilachados
O enajenados al mejor postor
Hoy
Voces de poder
Proposiciones
Sin correspondencia con la verdad
Los viejos, ajenos
Las imaginaciones
Vendidas para cazar
Los reconocimientos
No son hechos
La alegría:
Frecuencias que buscan
Y esperanzas
(que no se quedan quietas)
Linaje de eslabones sueltos
Que interroga al presente                
             Isabel Bertero                        
Imágenes de: http://www.damianwatson.com.ar/img/pinturas/pages/esperanzas_jpg.htm
                     http://www.jorgebarboza.com.ar/obras-personajes-Jorge-Barboza.php

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Luz de palabras


Ima escuchó un susurro. Noche de grillos. La primera lluvia de primavera se deslizó ayer en la tierra de la casa. Hoy se podía escuchar cómo las plantitas pugnaban por asomar. Pequeña rasgadura, luego la brizna verde y la canción de la brisa.
Apareció detrás del ceibo, que ya tiene sus brotes como pequeños ramilletes tenues, de textura sutil.
Tenía el pelo largo y broncíneo;  vestía como una campesina de cuentos. En los pies unas botitas incongruentes con la estación. Sonrió.
Ima casi se arrojó por la ventana, para mirarla de cerca, para tocarla.
Pero las separó un espacio que se parecía a agujas que rayaran las sombras.
Ima quiso hablar;  las palabras no le salieron por la garganta, por la boca. Se  formaron en su cerebro y se fueron. Eran una pregunta. Preguntaban por un nombre, por un lugar.
Otras señales llegaron.
-Me caí, íbamos a buscar luz  y me asomé mucho.
Buscar luz. Dijo que necesitaban luz, que no tenían estrellas propias, pero no había sombras, siempre hallaban claridad.
Ima quiso saber quiénes eran. La joven  dijonodijo que eran seres de cuentos, novelas; algunos,  espíritus de poesía o soldados de la inteligencia, hablantes de libros que hacen crecer las ciencias y el arte.
-   Cuéntame uno. Cuéntame Quiénes.
La joven dijonodijo:
 -    Yo soy Dulcinea del Toboso, la amada de Don Quijote, la de sus sueños. Cuando las letras me devolvieron a mi condición de Aldonza, me puse muy triste. Entonces torné a llorar, fue así que vinieron  desde el dominio y me invitaron a viajar con ellos; aunque todos creen que la ilusión se deshizo, yo sigo viviendo
Como Ima pensó, la joven que podía escuchar pensamientos le contó de su lugar de luznoluz.
  -    Hacemos cosas ordinarias, como encontrar palabras que los escritores no eligieron, o buscar todas las formas en que se cuentan los mitos, o escribir sobre la vida del cocinero de un rey de cuentos, o sobre la peluquera de Julieta, la niñera de Romeo…Hay niños y grandes. También brujas, pero las hadas no las dejan ser malas mucho rato. Cuando se ponen pesadas, les dan para tomar un té de arándanos y frutillas con pases mágicos y un montón de tilo y las mandan a dormir en colchones de palabras que son mullidos y hacen soñar.
Tenemos- agregó- muchísimos entretenimientos- los fabrica un ingeniero virtual que es cartonero y  se zambulle en la basura electrónica buscando restos servibles.
 -         Siempre supe que los textos vivían- pensó Ima - ¿Vas a decirme el nombre del lugar de donde vienes?
 -     Nunca lo supe. Depende del lector que lee, de la mano que escribe.
 -         ¿Y es un mundo?
 -     Para los que puedan verlo. Encontrarlo. Ahora lo mejor será que me regales luz.
  -         No soy una estrella. No tengo estrellas. Aquí abajo no vas a encontrar. Sólo reflejo o luz artificial
  -         Es que no entendiste. Yo tomo de tus ojos, o de otros ojos, de los destellos que se forman cuando lees, de los dedos de quienes decodifican  puntos, de los oídos que escuchan,  de pensamientos  que de pronto se enciendan.
Ima sintió que no se asombraba, todo es posible.
-         Pero te caíste… ¿Cómo podrás volver?
-         Eso es sencillo, cuando un lector cualquiera se encuentra con un autor, en una idea, sentimiento, magia, amor, cuando se encuentran en las palabras y en la mente, se puede regresar. Como eso sucede siempre en la Tierra, no desaparecemos jamás.
Ima comprendió enseguida y fue a buscar el libro que leía. Con una pegatina colorada había marcado:
“¿Acaso no os pedí que recordarais, niños, que por cada uno de los protagonistas que pisaban una vez las tablas de los llamados acontecimientos históricos, había miles, millones de personas que jamás llegaban a ese escenario, que ni siquiera llegaban a enterarse de que el espectáculo estuviera representándose, y que eran los encargados de llevar a cabo el trabajo de mulos consistente en hacerle frente a la realidad?
Cierto, cierto. Pero no acaban ahí las cosas. Porque cada uno de esos innumerables seres que no participan en el espectáculo está sin duda muy ocupado tratando de montar en la llanura de su propia y desconocida existencia un escenario personal, con su attrezzo y sus decorados..., porque somos muy pocos los seres humanos capaces de limitarnos a ser, durante mucho tiempo, simplemente realistas. De manera que no hay modo de eludir ese aspecto: incluso cuando no conseguimos enterarnos de cuál es el grandioso repertorio de la historia, o imitamos en miniatura y confirmamos, en miniatura, su anhelo de presencia, de hazaña, de intención, de contenido.
Y no hace falta decir qué graves consecuencias seremos capaces de afrontar, qué reacciones a nuestras acciones, qué repercusiones, qué torreones de ladrillo construimos para que luego sean derrumbados, qué persecuciones de nuestra propia cola, qué caos no aceptaremos a fin de garantizar que, sin embargo, ocurran cosas. Ni hace tampoco falta decir qué embriagadoras pócimas somos capaces de tomar, qué significados, manías, mitos no seremos capaces de absorber, a fin de convencernos a nosotros mismos de que la realidad no es un recipiente vacío.”
                         
Mientras Ima leía la joven se fue disolviendo en las rayitas que surcaban las sombras. En el jardín sólo quedó el papelito colorado, que señalaba los párrafos y los sonidos de las plantas que empiezan a crecer en primavera, a la noche, cuando nadie las ve.

Isabel Bertero
Texto citado:
Graham Swift; El país del agua; Editorial Anagrama,S.A., 1998, p.43

sábado, 10 de septiembre de 2011

DÍA DEL MAESTRO















Que en cada jornada encontrés colores y luz para regar las vidas de tus alumnos...Y la propia.
¡MUY FELIZ DÍA!
Isabel
11 de Septiembre de 2011
Imagen de: http://www.imaginaria.com.ar/2008/09/el-jardinero-magico-12/

domingo, 4 de septiembre de 2011

Los colores pueden ser de cualquier color

Los chicos y chicas del barrio nos reuníamos en un lugar al que todo el mundo llamaba “la cava”, seguramente habrían sacado tierra de allí para alguna construcción o habrá sido siempre un espacio hundido. No sé. Pero crecían pastitos  que permanecían cortos y verdes como paño. Quizás de tanto que los pisábamos les dábamos lustre.
En  algún lugar habían hecho arcos para jugar al fútbol y los rincones con matas servían de escondrijos
Todavía me acuerdo  que había una especie de escalera hecha de troncos, tablones y unos tornillos enormes para bajar. Troncos sin corteza que eran suaves, como lijados.
Todos usábamos la escalera, no sólo los chicos. Los grandes también, porque la cava era como una plaza y cruzándola se podía ahorrar camino hacia otros lados. Los árboles servían de casas inventadas, de escondrijos ideales para armar las historias con que nos entreteníamos.
Aunque los chicos de hoy no puedan creerlo, por ese entonces no había televisión y al Cine íbamos algunas veces, porque teníamos que conseguir un adulto dispuesto a acompañarnos y el dinero para las entradas.
Generalmente los mayores eran mi abuela Rosa o la madre de Beatriz.
Aunque nos trasladábamos a cines “del centro” cuando estrenaban películas de esas que no podían perderse, a menudo íbamos a uno más cercano, el Cine Rex. Era muy familiar. Tanto que cuando nos llevaba la madre de Beatriz, comíamos una torta con azúcar riquísima que ella había preparado y guardaba ya cortada en un bolsito de cuero. Repartía los trozos mientras vivíamos las aventuras que se proyectaban en  la pantalla.
Las historias eran de reyes y princesas, de hadas y duendes, de amor, de aventura, de piratas, de dibujos animados, de familias felices, de niños tristes con vidas desgraciadas que habían pasado de todo antes de encontrar un lugar en el mundo.
Por ese entonces se veían muchas películas norteamericanas. Así que por ejemplo, decíamos…vamos a ver una de indios y vaqueros. Nadie había escuchado hablar de pueblos originarios. Y siempre los blancos eran más buenos que los aborígenes. Igual se notaba que eran los blancos los que les habían sacado la tierra a los otros, que seguro vivieron felices hasta que a los europeos se les ocurrió venirse para este continente…en fin, eso sería otro tema muy largo de contar, pero lo cierto es que el cine, la radio, los cuentos de las madres en el hogar, las charlas de vecinos, los libros de cuentos y poesías, eran la fuente del saber y de la imaginación.
Por eso en la cava jugábamos a ser personajes que no éramos. Ni teníamos que disfrazarnos. Todo estaba en las cabezas y en las palabras, en las ideas, en la ilusión.
Ojalá ese mundo paralelo estuviera guardado en algún cofre. Ojalá pudiera abrirlo y dejar salir a todos los amigos y amigas de entonces, escuchar de nuevo sus voces y sus risas, armar novelas, casitas, personajes.
Mi amiga Ana María estaba en un sillón de ruedas, porque había tenido cuando era muy chiquita parálisis infantil, en la época en que las vacunas no estaban muy difundidas, pero nosotros la llevábamos en su sillón y allí era como una reina porque la silla de ruedas daba para el rol, la  hacíamos deslizar por el pasto suave y jamás quedaba separada de ningún juego, ni siquiera del fútbol. Era tan alegre, reía tanto y chillaba tan fuerte que sin ella la cava habría quedado como vacía.
Lo más lindo eran los días después de las lluvias, porque en algunas partes quedaban laguitos, que eran los ríos y hasta el mar de las historias
Que volviéramos todos embarrados y algunos ligaran retos importantes ya es otra cuestión.
En esa época, después de la lluvia, siempre se podía ver en el techo gigante del cielo que protegía nuestro espacio, el arco iris formado por los colores rojo, anaranjando, amarillo, verde, azul, añil y violeta. (Los nombres de los colores que forman el arco iris los aprendí después, para ese entonces eran sólo un milagro).
Lucila y Zunilda, eran las más unidas, siempre trataban de inventar situaciones en las que pudieran hacer de papá y mamá de una familia que sentaban alrededor de una mesa inexistente. A todos nos gustaba hacer de hijos de esas dos, porque nos sentíamos parte del amor profundo que se tenían. Además no eran padres tradicionales, de esos que te sentaban a hacer la tarea o a decirte, “tomá toda la sopa, porque si no, no saldrás a jugar”. Eran padres cariñosos que te decían: "cuando sean grandes nos vamos a ir de viaje por el mundo. Los vamos a llevar a México, a Guatemala, a la Patagonia, a Chile, a Panamá, al Ecuador, a Brasil, al Paraguay, al país de los gigantes, o de los enanos, a la selva misionera, al Perú, a Venezuela…"como poco sabíamos de países nos imaginábamos viajes exóticos y elegíamos medios de transporte y vestimentas. Ellas tampoco sabían mucho, si le preguntábamos si en esas tierras hacía frío o calor para elegir con qué cargar la valija, nos salían con cualquier “domingo siete” y se inventaban algo para salir del paso.
A ellas se les había ocurrido que se casarían en una casa magnífica que estaba detrás de las colinas del arco iris.
Por eso, cuando aparecían los colores después de una lluvia, por ese magnífico efecto de la luz, eran las primeras en estar ahí, en nuestro lugar de encuentro y a poco nos sumábamos todos. Esperábamos ver un castillo gigantesco, con portales y campanas y también esperábamos que una escalera se abriera misteriosamente para poder subir.
Allí nos esperarían los jueces que harían de directores de la ceremonia, y todas las flores y todos los trajes y vestidos.
Lucila nos decía que teníamos que tener paciencia…Mientras esperábamos una vez les hicimos los anillos nupciales, juntando tallos de flor de sapo, que crecían alrededor de todos los zanjones. ¡Les quedaron preciosos! Claro que no les duraron mucho tiempo, por lo cual, Pedrito, que era superhabilidoso, trenzó alambres que fue juntando de los que vienen en los tapones de sidra y un día apareció con el regalo.
¡Esos sí duraron! Aunque el tiempo los ennegreció un poquito.
Lo que voy a contarles ahora, algunos lo creerán y otros no, pero yo podría asegurar que sucedió tal y como lo digo.
Hubo una semana en que llovió mucho, mucho, así que todos aburridísimos esperábamos que parara espiando por las ventanas golpeadas por  inmensos goterones. En las veredas se hacían charcos y muy pocos se atrevían a andar por ahí, debajo de inmensos paraguas negros, con impermeables  y altas botas de goma.
Eso sólo los que tenían que trabajar o hacer mandados, porque ni el carro del verdulero, se atrevía. Qué nos creíamos- dijo después- no iba a arriesgarse a que su hermosa yegua se quedara empantanada o se enfermara de pulmonía-.
Pero un día después de tantos, poco a poco, las gotas se fueron haciendo más y más chiquitas y qué apareció allá en el cielo, luchando por escapar del gris… ¡el arco iris!
Como uno, partimos hacia la cava, entre los rezongos de las madres, padres, abuelos, abuelas, tías, tíos, que pensaban que volveríamos hechos un asco y que mejor era quedarse comiendo tortas fritas y tomando leche en los tranquilos hogares…pero no, allá fuimos.
Así sucedió que cuando nos quisimos dar cuenta, del arco iris que se veía más esplendoroso que nunca, ahí en nuestro lugar de juegos y de encuentros, vimos bajar una escalera de nubes como de encaje.
Nadie dudó en subir.
Delante de todo iba Ana María en su coche de ruedas empujado por Julia. Detrás todos los demás, caminando como en una alfombra suave, liviana.
Íbamos de a dos en dos, de a tres en tres, con la mirada allá arriba, hasta que llegamos.
Una puerta se abrió y ¿saben qué? Detrás de ella había una enorme habitación, preparada como para una fiesta, pero delante de todo estaba el escritorio de los jueces: tres mujeres y un varón. Muy amables y sonrientes.
-          Es el día de la boda de Lucila y Zunilda- nos dijo una de las señoras. Pero antes de la ceremonia, deben vestirse como corresponde. Allí tienen vestimenta para elegir.
Las primeras en empezar a revolver perchas y cajones fueron las protagonistas de la maravilla. Lucila eligió un vestido lila, lleno de flores y un sombrerito a juego que le quedaba precioso. Zunilda, prefirió una falda amplia estampada y una blusa con volados. Se adornó la cabeza con un moño azul.
Los demás también nos acicalamos. Lo que más nos gustó a las mujeres, fue la cantidad de zapatos que había para elegir, de todos los colores y con tacos altos, bajos, medianos…Y los sombreros, hebillas, adornos, cintas, trajes, corbatas…
Cuando estuvimos listos los jueces preguntaron si todo estaba listo y cuando así lo afirmamos, le dieron a Zunilda una cajita con anillos de verdad, que tenían todos los colores del arco iris.
La ceremonia fue preciosa, sobre todo cuando las dos chicas prometieron quererse y cuidarse siempre. Ni les cuento la fiesta, con baile, torta, máscaras, y todo lo que es posible desear.
Bajamos entrada la tardecita, cuando la jueza más sensata se dio cuenta de que se hacía tarde para volver a nuestros hogares.
Pasaron muchos años, nos hicimos adolescentes, jóvenes, adultos, formamos familias diversas, tuvimos hijos, crecimos, nos fuimos del barrio.
Un día en un supermercado, me pareció ver unos rostros familiares. Tuve que fijarme bien, por la cantidad de tiempo transcurrido, pero me di cuenta muy rápido. Eran Zunilda y Lucila. ¡Lo que fue ese encuentro! Los carritos cargados, pero nosotras allí dale parlotear, ellas dos me contaron que hace poco pudieron casarse en un registro civil de la ciudad. Que todo fue maravilloso con amigos, arroz, lágrimas y lindos trajes, pero que en realidad ellas consideran que su verdadero casamiento se llevó a cabo allá lejos, hace tiempo, en la residencia del arco iris.
Hoy no existe la cava. Se rellenó y encima levantaron viviendas, pero cuando yo paso cerca, miro hacia arriba, sobre todo después de la lluvia, en una de esas, la escalera se hace visible para todo el mundo y muchos, muchos,  se vuelven capaces de advertir que hay existencias diferentes a la de cada uno, que los colores pueden ser de cualquier color.

                                                                          Isabel Bertero


LA ONU RECLAMÓ EL CESE EN EL MUNDO DE LA DISCRIMINACIÓN POR ORIENTACIÓN SEXUAL
Histórica resolución por la igualdad
http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-170351-2011-06-18.html



viernes, 26 de agosto de 2011

Las fotos

Cuento los cuentos de los días
Collar  de perlas
Vestidos  de raso y broderie
Fiestas  de quince años
En el patio
Bajo los parrales
En blanco y negro
Mi madre tiene sonrisa triste
Se ha fatigado en la cocina
Con la abuela
Y la  prima mayor
Las mesas con manteles blancos
Derroche de sabores
Se disfruta
En un rincón: música
Están todos los tíos
Vivos
Engalanados
Los primos. Las botellas.
Las copas de cristal
Mi padre persuadido al primer vals
Nada que guardar
Más que fotografías
Analogía irreductible
Las  connotaciones
susurran con otros códigos:
Recuerdos
Que involucran lenguaje
                  Isabel Bertero


                                                 
                                                             

domingo, 14 de agosto de 2011

Chacabuco

Cae  una lágrima en la mazamorra                 
Las señoras dirán: está amarga
Alonso
Fue  por su libertad a Chacabuco
Sólo un sueño
(El aire feroz de las montañas
Huele a sangre, a pólvora y a miedo
Guerra
Igual a todas)
Después
Libros diversos
contarán de héroes                                                                               
Verdades. Mentiras. Desmemorias 
Algunos quedarán
En las piedras y el metal de las estatuas
Imágenes
Monumentos                                                                             
(Los  negros yacen
separados
en la muerte
Aunque la sangre expuesta
no reconoce casta
Colorada. Oscura  sobre la piedra y la ceniza)                
Amarga la mazamorra
Alonso
No bailará en el patio                                                                                    
con la sonrisa ancha
No  soñará
Con el suelo de sus ancestros
El bosque y la sabana
El andar sin amos
Los dioses del pasado
Sus manos
desplegadas hacia el cielo
No tornarán a tallar madera
A cargar herramienta
A ceñir en abrazo
Seres amados                                          
(Están sus ojos abiertos
Dulces y enmarañados
En la tierra ajena)
Chacabuco
La libertad es para otros
                         Isa Bertero
                                                                                         
imágenes de: http://encontrarte.aporrea.org/galeria/aduran.html
                   Batalla de Chacabuco, óleo de José Tomás Vandorse C. (1850). Museo Histórico Nacional de Chile

                     

miércoles, 10 de agosto de 2011

Para leer con versos (Taller de lectura Primer Ciclo)

UNO
MUÑECAS

PRETENDO UNA MUÑECA
BIEN MOROCHITA
PARECIDA A MI AMIGA
QUE ES TAN BONITA


YO NO QUIERO UNA BARBIE
MUY RUBIECITA
CON VESTIDO DE NOVIA
O PRINCESITA


MÁS BIEN PELITO OSCURO
UNA PANCITA
Y QUE TENGA LA CARA
BIEN REDONDITA


PODEMOS TOMAR SOPA
COMER RAVIOLES
MIENTRAS LA TÍA ESCUCHA
LINDAS CANCIONES


QUIZÁS TAMBIÉN LE GUSTEN
LAS HISTORIETAS
Y LOS CUENTOS QUE GUARDO
EN LA BIBLIOTECA


TAMBIÉN ES DIVERTIDO
CORTAR SILUETAS
O PINTAR CON CRAYONES
Y PINCELETAS


SI SE ENSUCIA LA ROPA
SERÁ POQUITO
NADA DE ESTAR CUIDANDO
LOS VOLADITOS


QUE NO SEA MODELO
NI ANDE SUBIDA
A UNOS TACOS TAN ALTOS
QUE SE RESFRÍA


MEJOR LAS ZAPATILLAS
DE CORRETEAR
MÁS LINDA LA SONRISA
SIN MAQUILLAR


                                                         
Se realiza un afiche con el texto transcripto. Bien grande para que todos puedan leer. SI QUERÉS AGRANDAR IMÁGENES CLIQUÉA SOBRE ELLAS
  • Se entregan copias.
  • Lee el/la docente.
  • Pregunta sobre el contenido,
  • A partir de lo que entendieron rescatar para el diálogo lo que genere expresión oral, argumentación, intercambio de opiniones.
  • Diferenciar prosa y verso por la comparación con otras lecturas que tengan.
  • Conviene dibujar en la pizarra el esqueleto textual. (Allí pueden ver que el verso termina antes de que termine el renglón, y que son distintos a oraciones de otros textos)
  • Observar que los versos tienen que tener ritmo, (“sonidos que pegan entre sí”), como las canciones. Algunos tienen rima como: morochita, bonita; rubiecita, princesita; corretear, maquillar; siluetas, pinceletas También es rima: ravioles con canciones, subida, resfría
  • Aunque el /la docente conozca la definición de rima consonante (coincidencia total de sonidos a partir de la última vocal acentuada ) o asonante (sólo coinciden vocales) no es conveniente definir, sino que los chicos y chicas puedan descubrir cómo las rimas contribuyen al ritmo (intuitivamente lo saben por otros versos leídos, adivinanzas, canciones)
  • Preguntar a los chicos si las niñas o señoritas que conocen se parecen todas a las barbies de juguetería.
  • Pueden armar el rompecabezas de la ilustración.
  • Es siempre creativo dibujar o construir con materiales blandos personajes (en este caso una muñeca que imaginan.)
  • Leer. Leer. Leer. Con distintas modalidades.
  • Si algunos niños memorizan ciertos versos…¡mucho mejor!
  • Lo más importante disfrutar la lectura.
  • No utilizarla para trabajos con la sintaxis.
  • pueden  hacer nubes de palabras nuevas, o que les gustaron, o que les suenan bien.
                                                                                           Isa Bertero
DOS


ESCUCHAR

DÍA DE TORMENTA BAJO TECHO

UN TRENCITO DE PAPEL                
NO SE ROMPE CUANDO LLUEVE
PORQUE REALIZA SUS VIAJES
BAJO EL TECHO DEL GARAJE
REPICAN GOTAS
SE ESCUCHAN TRUENOS
PERO POR SUERTE
NO HAY AGUJEROS


EN EL ANDÉN ESTÁ EL GUARDA
ESPERA CON UN PARAGUAS
BAJAN UNOS PASAJEROS
Y EL TREN AVANZA DE NUEVO


POR  LOS  RIELES DE CARTÓN
PARTE HACIA OTRA ESTACIÓN 
QUE LOS NIÑOS
PUEDEN MUCHO
SI EL DÍA NO TIENE SOL

Actividades

  • Lee el/la docente.
  • Entrega una copia a cada chico/a
  • Leen por versos (los que desean hacerlo)
  • Con la voz marcan las rimas (pueden hacerlo también en la copia)
  • Cuentan qué leyeron.
  • ¿Quién creen que hizo el tren de papel?
  • ¿Qué elementos (personas/objetos) aparecen en estos versos?
  • ¿Qué onomatopeyas quedarían bien para imitar el sonido del tren? (lento, rápido)
  • ¿Qué sonido produce la lluvia en el techo del garaje?
  • Relatan qué se les ocurriría hacer en casa un día de lluvia
  • Explican los paratextos (título, ilustración)
  • Realizan ellos/as su propia representación gráfico-plástica.
  • Leen otra vez por estrofas.
  • Si quieren memorizan para recitar 
                                                                                                            Isa Bertero


TRES


ACCIDENTE

LA TORTUGA ADELAIDA
ES MUY AVENTURERA
RECORRE SIN DESCANSO
LA CASA ENTERA

SU PLATO PREFERIDO
ES LA ESPINACA
Y SIEMPRE MORDISQUEA
MATAS DE ALBAHACA

LA ZANAHORIA ES BUENA
PARA  SU PIEL
LE GUSTAN LAS CIRUELAS
GOTAS DE MIEL

SI COMO, LE CONVIDO
TROCITOS DE MANZANA
PERO APETECE MÁS
BOCADOS DE BANANA

MI POBRE TORTUGUITA
HACE MUY POCOS DÍAS
POR POCO SE NOS MUERE
EN LA PISCINA

ESTABA EN LO MÁS HONDO
CASI SIN VIDA
PERO ENTONCES MAMITA


MUY DECIDIDA
TUVO UNA GRAN IDEA
USÓ DE PULMOTOR
UN PEQUEÑO INFLADOR
Y A LA POBRE ADELAIDA
RESUCITÓ

MENOS MAL QUE MI MADRE
QUISO SER MÉDICA
PORQUE SIN EJERCICIO
TIENE LA TÉCNICA.

OJALÁ MI MASCOTA
SEA PRUDENTE
TAL VEZ YA NECESITE
UNAS BUENAS LENTES
PARA ELEGIR CAMINOS
SIN ACCIDENTES
           Isa Bertero
(Dedicado a Alejandra G.)


IMAGEN DE:

martes, 2 de agosto de 2011

El tío

El tío pasaba. Era nomás el hombre de la esquina. Descuidado, con andar vacilante. Pertenecía al patrimonio de los secretos del barrio, más allá del tapialito de la casa y la puerta alambrada.
Seguramente, los hombres que lo acompañaban en la mesa del bar, sabrían más. Pasado, dichas, penas o tal vez sólo se comunicaban soledad. Los demás lo veían  por ahí, con el rostro ajeno, como cuero que cierra la piel, para que adentro no se vea.
Algunos, después, han construido relatos, son míticos como los de todo personaje que los barrios elaboran para alimentar explicaciones nunca dadas, necesarias para rellenar cada hueco impreciso.
Dicen que tenía un trabajo en la construcción. Era técnico a cargo de obras que algo tenían que ver con el estado.
Por ese entonces, vestía bien, tenía un vehículo, con el que iba y venía, estaba muy unido a Julia - justamente los chicos lo llamaban  tío, porque era el tío de ella;  vivía en su casa -.
Cuando llegaba el circo, él la llevaba a ver el espectáculo o salían a pasear al centro comercial. Sus ocupaciones eran importantes. El resto de la familia lo mencionaba con esa especie de orgullo propio de algunas personas, para quienes el mínimo indicio de prosperidad permite aparentar cierta relevancia social.
Un día le asignaron el control de la construcción de un puente, sobre un riacho. No era un puente de gran envergadura, pero parece que necesario, para evitar el aislamiento de gente que se había ido afincando hasta formar una pequeña población.
Se cuenta que aunque él trabajó de manera responsable, hubo una malversación de fondos con relación a los materiales, y a pesar de que reclamó y discutió para que salieran bien las cosas, la obra terminó construyéndose con escasa solidez.
A poco, empezó a deteriorarse hasta que se vino abajo.
Hubo una investigación, pero los responsables quedaron ocultos y la culpa la pagó el tío, que se quedó sin trabajo, viviendo a expensas de la familia de Julia.
Con el tiempo consiguió pequeñas changas, una pensión, pero ya no tenía auto, ni sobrinos para llevar al circo, ni familia que se enorgulleciera.
El tío empezó a compartir demasiadas botellas, y andaba por las calles,  cada vez más desharrapado, ensimismado;  los adultos murmuraban sin prejuicios de su afición a la bebida. Todo a puertas cerradas o en charlas de vereda. ¿Quién iba a inmiscuirse de manera directa? Cada familia con sus penas y sus claroscuros.
La del tío vivía en la esquina, casi en la esquina. Justo lindando los terrenos excavados para vaya a saber qué fines, que se usaban para jugar, zona con zanjones, espacios verdes, yuyos a veces altos, a veces emprolijados.
Había llovido de manera intermitente durante varios días, esas lluvias de invierno que enlodan las calles no asfaltadas, que vuelven la noches más oscuras y los días más mezquinos.
Esa mañana, la noticia sacudió a todos. Había desaparecido el tío. La policía lo debe haber buscado con cierto esmero, porque no era cosa habitual. Sin embargo pasaron dos o tres días antes de que se supiera la verdad.
El tío había ido a un boliche, cruzando por el paraje de los hoyos, o las cavas, que así las llamaban. En ciertos lugares se habían hecho pasos con troncos, para sortear los charcos que se formaban. En días agradables se podía ir a cazar ranas o juntar caracoles.
Parece que al regresar en noche cerrada, había resbalado de un puentecito de troncos y caído. Encontraron  su cuerpo, tendido en un foso no muy profundo enredado entre las zarzas. Seguramente había  muerto de frío, porque comentaron que el agua no daba para ahogarlo. Quizás- decían- volvía con unas copas de más.
Todo parecía común y corriente. Un accidente en una vida opaca. Salvo la impresión del primer muerto en la zona, de manera incierta, oscura.
Hubo velorio, en la casa, como se estilaba.
Al principio y  con cierta morbosidad muchos fueron al lugar donde se había encontrado al hombre muerto. Después empezó el rumor.
La vecina Elisa, dijo que un día cruzaba el sitio y escuchó la voz del tío que decía:
-Fue el castigo, por el puente que ayudé a construir mal.
De ahí en más muchos declararon haberlo visto, en medio de la bruma que se levanta de la humedad de la cava, tratando de apuntalar el puentecito de troncos.
Sus colegas de copas- mientras vivieron- no se atrevieron jamás a cruzar esos terrenos. Los chicos sólo de día y en patota. 
Isabel Bertero 
Muchas vidas. Óleo de Cris Acqua