BAJO LAS LILAS ES EL PRIMER LIBRO QUE RECUERDO HABER LEÍDO- DE MUY NIÑA- EDITADO SIN ILUSTRACIONES, o muy escasas- portada y aisladas en capítulos- (quiero significar: primer paso hacia una literatura sin apoyo visual, que es lo que requieren generalmente las publicaciones infantiles) Lo cito porque creo que no sólo lo cercano (en tiempo y espacio) es grato a un lector. Niños y adultos gozamos de viajar con el imaginario, escuchar otras voces, pensar otros lugares y realidades.



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viernes, 18 de febrero de 2011

Febrero

Parece que en esta ciudad y aledaños el mes de febrero trae algunas tormentas de verano. Hace tanto calor que los cielos se cargan de una energía que no tiene más remedio que revocarse en lluvia potente sobre los árboles, los techados, las plantas, las paredes sofocadas.
Eran otros tiempos, cuando todavía existían las relaciones firmes entre vecinos, los abuelos viviendo en los hogares de sus hijos, los patios amables, las calles de tierra, las veredas donde los chicos circulaban con bicis y triciclos, el fútbol en la cava, los zanjones, los alambrados con dondiegos de noche, las revistas infantiles, las figuritas, las muñecas Linda Miranda, los trenes y camioncitos, los soldaditos, la radio.
Los años borran las sensaciones, los datos precisos, la conciencia de la hora, por eso, lo que uno recuerda, no parece lo fundamental del día evocado y se va confundiendo con lo que los otros agregan, con datos objetivos rescatados en documentos, con sentidos de aparición posterior, con imágenes robadas.
Sin embargo, mi hermana y yo estábamos sin duda bien peinadas, con zapatitos de presilla y mediecitas de hilo, con vestiditos parecidos…En el patio de Doña María había como en casi todos los patios, una enredadera protectora, en este caso un parral, de esos de uvas chiquitas y oscuras, que maduraban en forma despareja y eran agridulces. Lo sé porque en mi casa había uno similar, que aún hoy lucha por sobrevivir.
El cielo se desgajaba en relámpagos azules y los truenos intimidaban.
Allí estábamos, en el espacio ajeno, comiendo las uvitas, sentadas en esas sillas de madera y paja, preguntándonos por qué nos quedábamos, como de visita, sin mamá, sin la nona… ¿Y adónde estaría mi padre?
Seguramente, antes de salir, percibimos la inquietud, el misterio; me gustaría reconstruir el rostro joven de mi madre, la caricia o el beso con que nos despidió, las recomendaciones de mi abuela, el ambiente de la casa, pero no. Los datos más precisos son la tormenta, el patio de Don Juan y Doña María, el plato blanco con las frutas caseras.
Es raro que hayamos ido a esa casa porque en mi recuerdo esos vecinos siempre fueron viejitos. Ella con los dedos un poco torcidos, la sonrisa de dentadura postiza, la espalda encorvada. Él, un señor afable mucho más lindo que su mujer, de voz suave y extranjera.
¿No habría un hogar con otros chicos para esperar, algún familiar…? A mi madre y a mi abuela les habrá parecido éste, el más confiable.
Mi mamá había tenido una mala experiencia en el sanatorio, cuando nació mi hermana, así que supongo eso, sumado a su extremista tozudez, a sus miedos, la hicieron optar por la intimidad del hogar y la ayuda de Máxima, nombre que a lo largo de los años no se me ha borrado, siempre asociado a lo oculto y misterioso, a la vez que hábil y generador de milagros.
Hoy el aire huele parecido. La lluvia ha mojado las hojas y la tierra; ha quedado suspendido algo mineral, derrumbado de las alturas, que no llega a ser frescura.
Habremos regresado tomaditas de la mano, como nenas obedientes que siempre fuimos, alguien debe habernos anticipado una vislumbre, pronunciado palabras para acercar lo desconocido. Igual pasaría mucho tiempo para que las fichas fueran ocupando los lugares correspondientes, escapados a las impresiones, recortados y pegados definitivamente en el álbum de la historia familiar.
No tengo imagen real alguna de mi hermanito recién nacido, no obstante sé que su cabeza pequeña tenía pelusitas doradas y lloraba sin dientes, envuelto en alguna ropita primorosa y perfumada, con los puños apretados, aunque los aflojó para tomarme el dedo, bien fuerte, por primera vez, mientras una cámara inexistente captaba para toda la vida el instante del vínculo.
Isa bertero

Emilio

3 comentarios:

  1. Como siempre escribís maravillosamente bien me encanta leer lo que escribís.- Sos genial!!!!!!!!!!!!!!! poetisa, persona, profesional, un encanto de ser HUMANO.-

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  2. me quede sin palabras isabelita ,me hiciste emocionar,me las imaginaba a alici y vos sentaditas comiendo uvas.que recuerdos !!!
    todos los dias te nombro en mi escuela,todo lo que me enseñaste,la paciencia ja ja,estas siempre en mi corazon.te quiero mucho amiga,ceci

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  3. muy lindo lo que escribis,Isa! Esa facilidad de volcar en un papel lo que sentís.
    besos ¡Qué disfrutes de tus días!

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