BAJO LAS LILAS ES EL PRIMER LIBRO QUE RECUERDO HABER LEÍDO- DE MUY NIÑA- EDITADO SIN ILUSTRACIONES, o muy escasas- portada y aisladas en capítulos- (quiero significar: primer paso hacia una literatura sin apoyo visual, que es lo que requieren generalmente las publicaciones infantiles) Lo cito porque creo que no sólo lo cercano (en tiempo y espacio) es grato a un lector. Niños y adultos gozamos de viajar con el imaginario, escuchar otras voces, pensar otros lugares y realidades.



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viernes, 1 de abril de 2011

Moretones

El aula era un lugar limpio. Limpias las paredes, los bancos, los pisos, las voces. Vidrios tan limpios que se podía mirar hacia las galerías y más allá hasta el patio-el afuera-, aunque el verdadero afuera estaba vedado para las niñas responsables.
Creer en Jesús, en la Virgen, en íconos e imágenes era ancestral, incuestionable, profundo.
Cuando teníamos tiempo, antes del horario escolar, íbamos a la Basílica o la capilla de la escuela, para pedir a los poderes omnipresentes que todo saliera según las expectativas de nuestros padres, la autoexigencia, la competencia, lo satisfactorio.
Los hermosos ojos de las estatuas miraban desde la distancia, indiferentes pero amorosos, con una ternura antigua y desolada: "yo he sufrido, lo tuyo es insuficiente”, grave reconvención para la centralidad adolescente. Tal vez, para otras niñas no sería tan duro, pero sí para mí, que tenía a un Jesús cuidándome en el respaldo de la cama, a otro Jesús presidiendo el comedor, la obligación de ir a misa los domingos, las mantillas respetuosas, el confesionario.
La monja Amanda era gorda y de cara rojiza, enseñaba Botánica, Zoología y Anatomía. Mejor dicho hacía estudiar de memoria lecciones de libros cuyos fundas o tapas aún hoy puedo evocar, así como los caracteres de las letras, y los dibujos. Obviamente nada más que eso; ni siquiera los autores, aunque por generaciones se repetían los mismos.
Había una chica que gozaba de mala fama, no recuerdo por qué, ni siquiera me acuerdo del nombre, pero sé que se hacía peinados altos y tal vez se pintaba los ojos, dato que puedo haber almacenado porque probablemente alguna vez la hayan mandado a lavarse la cara. A lo mejor tampoco obtenía buenas notas, no se le daría bien ese ejercicio de recitar lecciones de memoria o llenar páginas reproduciendo contenidos de libros, quizás había sido incapaz de torturarse las horas cuando llegaban los exámenes – trimestrales o cuatrimestrales- y era necesario saberse todo lo estudiado en el período.
De otra, sí me acuerdo el nombre, La Mary, porque era de mi barrio y además repetidora, más de un año porque había sido compañera de mi hermana que es dos años mayor que yo.
Todas las profesoras- no todas eran monjas-, tenían una libreta. Me acuerdo particularmente que la de la profe de Física era colorada. Ahora creo que debe haber sido la que miré con más terror, porque estudiar Física de memoria, no es nada fácil. Las libretas obviamente cumplían el rol de almacenar las listas de alumnas de los distintos cursos con las correspondientes señales que caracterizaban la idoneidad escolar. Yo tenía una compañera cuyo apellido comenzaba con tres letras iguales al mío. Era cariñosa y divertida, siempre me decía que cuando alguien abría una de las temidas libretas y emitía esos tres primeros sonidos, temblaba de espanto, y si la destinataria era yo, se sentía aliviada porque era raro que se continuara alfabéticamente con la lista. El azar servía mejor a los fines propuestos.
Esa chica murió muy jovencita, espero los ángeles le hayan contado al oído todos los secretos que los demás tuvimos que aprender a golpes de vida y su risa esté alegrando a los santos tristes que tan indiferentes permanecieron a pesar de todos los ángelus y plegarias.
Un día entró la monja Amanda y se sentó tras el escritorio, creo que le colgaban las piernas gordas porque se le veían los pies con zapatos negros acordonados. Se acomodó la toca, abrió la libretita y le correspondió pasar a esa alumna de mala fama cuyo nombre no me acuerdo.
Ella se paró frente al pizarrón, vacilante; muy pronto empezó el azote de preguntas, la voz de la autoridad cada vez más enojada, con mayor desprecio, con más sorna, hasta que la chica no aguantó más y ahí se cayó, desmañada como una plantita en la tormenta.
Después sólo sé que la hermana, empezó a gritarle más, que se parara, que dejara de hacer comedia, y pidió un balde de agua. Yo creo que le hubiera tirado un balde de agua, pero me parece que simúltaneo la víctima logró ponerse de pie, y La Mary, que se sentaba cerca mío, fue la única que corrió para ayudarla, mientras enfrentaba a la poco conmiserativa maestra.
Al día siguiente, mi compañera, la del infortunio, fue a la escuela. Sobre la cara pálida y en consonancia con el pelo oscuro, algo deslucido, le había aparecido un morado y negro sobre el ojo y otro moretón más en la frente.
No creo que le hayamos preguntado nada, seguro que tuvimos que elegir entre creer al deber, al poder, a la novia de Jesús o la niña estropeada- tan sólo una discípula que había roto el orden acostumbrado de la vida colegial-. Pero lo más vívido para mí, es que le empecé a escapar a su presencia si no había otros en el aula, quizás tenía aprensión de que le diera otra vez por desmayarse o quizás me parecía la encarnación de un poder maléfico que vaya a saber cómo había logrado colarse en la pureza de la vida. Aunque lo más seguro es que la actitud fuera una proyección de los miedos verdaderos que me habitaban.
Lo que sí tengo claro es que La Mary pasó a ser mi heroína, la chica que yo hubiera querido ser.
Hoy todavía lo es. En las improntas que dejan los recuerdos.
Isabel Bertero
En el patio de la escuela: Beatriz, Norma, Isa, Norma , Nellys


2 comentarios:

  1. pucha! lloré y me reí "todojunto"... te-quie-ro

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  2. hola mi mama postiza son las 3 de la mañana y no se porque motivo me desperte debe ser porque agus mi hija salio a bailar.mira casualidad abri mi bandeja de entrada par ver si me habias mandado algo y me encuentro con este relato vivenciado por vos.que queres que te diga llore tambien ,me emociono a diario con cocsas pequeñas.valiosas de la vida que experiencia que te deja huellas lindas y feas en nuestro corazn.sin mas palabras para decirte.te adoro.un besooo muy grande.ceci

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