BAJO LAS LILAS ES EL PRIMER LIBRO QUE RECUERDO HABER LEÍDO- DE MUY NIÑA- EDITADO SIN ILUSTRACIONES, o muy escasas- portada y aisladas en capítulos- (quiero significar: primer paso hacia una literatura sin apoyo visual, que es lo que requieren generalmente las publicaciones infantiles) Lo cito porque creo que no sólo lo cercano (en tiempo y espacio) es grato a un lector. Niños y adultos gozamos de viajar con el imaginario, escuchar otras voces, pensar otros lugares y realidades.



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miércoles, 4 de mayo de 2011

Urbano intertextual

Las ciudades huelen a sí mismas. En este momento a otoño y a veces a lluvia, y a viento que desprende hojas y las pegotea en las veredas y arbustos mojados. Cada lugar emana a su vez una sustancia sensible que permite incursionar en un mundo ajeno, conjeturado.
Aquí algunas casas trascienden pasado. Casi podrías imaginar detrás de los portales, una antigua cocina, un patio con aljibe, pisos de baldosas, gruesas paredes, desvaídos retratos de familia, firmados por ignotos pintores.
Están los espacios muy pobres que huelen a leña en todas las estaciones.
(Dicen que Celia cura el empacho y el mal de ojo. Vive en una casita semiderruida, todavía con alambrados en la entrada y un patio de tierra donde han quedado abandonados pedazos de muebles, de aberturas, latas, piezas de metal de incierta procedencia. Recibe con un pañuelo en la cabeza y ropa deslucida, amontonada, lleva una especie de pañoleta gastada que le cubre los hombros. Tiene ojos pequeños, nublados, hundidos en un rostro lleno de arrugas. Las manos están dobladas de artritis, son oscuras y agrietadas. Según el caso propone tirar el cuerito o saca un plato enlozado, un poco cuarteado, lo llena con agua que bombea trabajosamente, y después lo lleva hasta la mesita desvencijada, cubierta con un hule no muy limpio. Sobre el agua, derrama un chorro de algo que parece aceite. Explica que si se forma un ojo en el medio, hay que cortarlo con un cuchillo y después rociar con un puñado de sal gruesa, porque la persona tiene el mal. Mientras realiza todos los quehaceres murmura rezos ininteligibles.)
Hay calles amplias, con boulevares donde árboles añosos confunden la estación y todavía guardan algunas flores en blanco y violáceo. Probablemente, las ráfagas de estos días y los cielos grises los hayan convencido.
En algunos barrios las veredas son anchas, y las calzadas con asfalto, en otras todo es angosto, improvisado, como senderos que han ido ganando habitantes al espacio.
Avenidas muy transitadas, donde automóviles y motos de última generación conviven con lentos vehículos y transportes que impregnan el aire de olor a combustible.
Cada fachada sugiere un modo de vida. Ventanas plácidas, donde las cortinas de colores claros asoman tras los vidrios entornados y se huele a limpio, a escritorios y mesas brillantes, a copas relucientes, a manteles y sábanas suaves. Veredas recién lavadas si es el día correcto. Quizás una placa añosa, indicativa de una profesión.
Otras ventanas- cerradas- con celosías agrietadas y olor a tiempo impregnado en los ladrillos. Muchas veredas desparejas, rotas. Los mosaicos, cerámicas o losetas marcan épocas de construcción.
(Se sienta en un sillón de cuero marrón oscuro cerca de la ventana, usa anteojos de montura gruesa, al fondo se ve una pared biblioteca, con libros cuyos títulos no alcanzan a leerse. Se escucha una música, o una voz, como de radio. Las páginas del diario que lee titubean entre los dedos largos y rígidos. Si a veces levanta la vista sus ojos son transparentes y sonríen)
Plantas y jardines, algunos cuidados con esa estética de lo simétrico, cerrada la llave de la naturaleza independiente.
Otros, pródigos en matas desordenadas, de tierra fértil que permite la expansión, el desborde.
(La gitana tiene en el jardín ruda, mastuerzo, menta, aloe, un ceibo que cae hacia la vereda, una enredadera con espinas que se enrosca en el tronco de un olivo, helechos…bajo un alero hay sillones de algarrobo, aunque llueva ahí se quedan. Ella tiene pelo canoso que se junta en una trenza. Sus vestidos son largos y coloridos. Cuando pasas mira fijamente, con una mueca en la boca. No es ni joven ni vieja. Parece sigilosa)
Ciertos frentes con señales de abandono, arbustos olvidados, hierbajos resecos como resabios de cosecha, breñas donde se han enredado desechos ya ennegrecidos de intemperie.
Puertas alquiladas de casas o departamentos por las que han pasado familias disímiles a lo largo de los años y dejaron una presencia, que no llega a ser historia, huelen a bebés, a escolares, a comida rápida, a ancianidad resignada.
(Hace señas. Es una mujer encorvada, con muchos años. Huele mal. De días sin agua ni jabón. Se toma del brazo que la ayuda a cruzar. Quiere ir al banco a cobrar. Pregunta qué día es. No está segura si la fecha es la que le corresponde. Trata de explicar. Parece que cobra una pensión por vejez. Sigue su marcha por las veredas. Va a un banco que para sus piernas es la eternidad. ¿De dónde viene? Seguramente está sola. La mañana pierde candor)
Como en toda ciudad hay supermercados, despensas- con el olor indefinido de las heterogéneas mercaderías que se disponen en los estantes- fragantes panaderías, tiendas donde se exhibe ropa de incierta procedencia, sin gracia, al desgano y otras dispuestas con arreglo a diseños pensados según destinatarios o estilo del propietario, éstas emanan casi siempre fragancia a sahumerios: vainilla, chocolate, lavanda, jazmín, canela, violeta…
(- Te queda bárbaro mi amor- dice la chica- mientras mira distraídamente sus propias uñas pintadas de colorado. La otra trata de convencerse apretada en un vestido demasiado chico para su talle)
Kioscos, cibers, bares, comedores, con o sin atractivo. Ordenados según convoquen a los adolescentes, jóvenes, mayores.
A la mañana se huele a café y a medialunas.
(La policía ha parado a los chicos frente al coche patrulla, los revisan a la vista de todos los transeúntes que miran de reojo. Quizás piensan que han hecho algo incorrecto. Son tan chicos. Alguien debería estar transmitiéndoles ideas. No apremios.)
Han prosperado los almacenes naturales con su particular olor a especias, hierbas, granos, semillas, cacao…
A ciertas horas es posible reconocer formas de vida: cocina rápida, salsas cocidas a fuego lento, panes y tortas caseros, cebollas, legumbres que hierven…
(En esta casa se cocina bastante. Hoy huele a carne cocida a fuego fuerte. Al horno. Envuelta en grueso papel de aluminio, con sal, especias, miel y mostaza. Cuando casi está a punto, algo jugosa, se pasa la fuente a la parrilla que está debajo, se abre el papel y la pieza termina de dorarse. Probablemente haya papas asadas: así de simple, peladas, cortadas en trozos grandes y puestas en la bandeja sin aceite. Quedan secas y distintas)
El sur huele a iglesias y a papeles antiguos, uno puede imaginar el aroma de los inciensos, de los jazmines, de los vestidos de seda, pero un aire nuevo recorre la plaza, los tribunales, los museos, las cafeterías…
(Hay un túnel que lleva al río. Está construido de manera precaria. Quizás ha servido para escapar.
Una jovencita de cabello rizado rubio oscuro y piel color bronce claro, avanza llevando un farol. Se aprieta la mantilla sobre los hombros. Hay frío en las paredes húmedas. Brillan los ojos de largas pestañas arqueadas. El corazón late velozmente. Cruza el miedo y el arrojo. Los pasos hacen eco. En la ribera un joven soldado espera lleno de amor)

Isabel Bertero

1 comentario:

  1. Al leer.. pareciera estar viendo a cada persona, lugar.. muy hermoso

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