BAJO LAS LILAS ES EL PRIMER LIBRO QUE RECUERDO HABER LEÍDO- DE MUY NIÑA- EDITADO SIN ILUSTRACIONES, o muy escasas- portada y aisladas en capítulos- (quiero significar: primer paso hacia una literatura sin apoyo visual, que es lo que requieren generalmente las publicaciones infantiles) Lo cito porque creo que no sólo lo cercano (en tiempo y espacio) es grato a un lector. Niños y adultos gozamos de viajar con el imaginario, escuchar otras voces, pensar otros lugares y realidades.



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lunes, 14 de noviembre de 2011

Zapatos

Siempre me han llamado la atención los zapatos. Están los zapatos de la memoria. Los que mi madre guardaba en su mesa de luz o en el ropero, con tacos altos y que sólo pude usar en el juego infantil, porque ella es pequeñita, de baja estatura y yo muy alta. Dos cuestiones : cuando llegó la edad para usarlos, tuve que buscar tacos chatos porque me sentía una gigante adolescente, y además los de mi madre- de talla treinta y siete- eran número y pico menos.
A esos zapatos blancos, negros, de taco fino y alto asocio el lápiz de labio, que se me ocurre colorado y encerrado en un cilindro metálico, y también que “no se usaban para jugar” porque se podían romper los arcos. Eran los de salir, cuando mi padre se ponía como siempre saco y corbata, y mi madre uno de sus trajecitos entallados, de lino o de hilo, color celeste, blanco o azul, de falda angosta y talle ajustado.
Los de mi padre siempre fueron de cuero brillante, acordonados y en punta, a veces redondeada- según las modas- debe haberlos comprado en El Sportman, si es que vendían zapatos, porque de allí procedían todos sus trajes y corbatas.
Las zapaterías que recuerdo eran Grimoldi y Tonsa. En Grimoldi había una especie de carrusel pequeño, que se hacía girar con una rueda en el medio. Estaba sobre un sector con una alfombra verde, para que los chicos se entretuvieran en las esperas o mientras sus padres compraban. Una pared tenía dibujos de Disney: Mickey, el pato Donald, y no me acuerdo qué más.
En las zapaterías había un artilugio que hoy no se usa, donde tomaban la medida exacta del pie, así podías calzar “y medio”, medida desaparecida que tenés que conformarte con el treinta y ocho o el treinta y nueve aunque te quede un poco grande.
Los últimos zapatos que usó mi abuela, eran bajos, porque ya no podía subirse a tacos aunque fueran anchos, pero rememoro unos que eran festivos, negros, con un moño de gros que podía ponerse y sacarse. Si los sacabas quedaban clásicos. Siempre tuvo miedo de perder los moños.
Mi padre se enorgullecía de sus zapatos “Guante”, parece que era una línea muy cómoda y fina.
Los zapatos, eran artículos de lujo para familias numerosas, sobre todo para nosotros que teníamos que diferenciar los escolares de los de todo andar y de los de salir, hasta que de tanto cuidar te quedaban chicos.
No recuerdo haber usado mucho zapatillas; como anhelo insatisfecho, me pasé años usando sólo zapatillas deportivas u otras más “arregladas”, cuando pude decidir por mí misma.
Evoco especialmente unas botas de goma que eran mi delicia, livianas, que tenían una forma adorable. Cuando llovía y me permitían ir a la escuela con esas botas me la pasaba tratando de mostrar los pies, me detenía en el pasillo del aula, fingiendo examinar un papel caído, para que mis compañeros de clase pudieran observar lo bien que a mi criterio me quedaban.
Quizás todo se debía a un complejo de altura, porque con las botas, me sentía al ras del piso. En cambio los zapatos escolares eran poco elegantes, creo que “Gomicuer”, con gruesas suelas de goma y presillas con hebillas.
Cuando fui a la escuela secundaria estaban de moda los mocasines “Guido” o “Lucca Spinello”, (había otra marca que no tengo presente), pero en mi casa- rigurosos del cumplimiento de normas- me compraban unos horribles que vendían las monjas para complementar el uniforme escolar que te enviaban a comprar a Menvil Sport (no sé si se escribía así). Allí,todo salía carísimo, desde la pollera tableada, el chaleco, la boina, la camisa y ese sacón mal hecho que uno rogaba no hiciera frío.
Como “venganza” estuve después por años llevando los mocasines de variados modelos que me gustaban de adolescente. Me gustan también los acordonados, siempre que se han usado según los cambios en las modas he tenido un par.
Cuando hoy camino con mis hijas por el centro comercial, o vemos zapatos de moda, o ciertos colores, suelo decir: tuve unos así.
Por ejemplo color fucsia, o con pulsera, o de taco chino, etc. etc.
Hoy en día las tres mujeres de la familia, cuando tenemos que comprar zapatos damos muchas vueltas, es como si tuviéramos un dibujo en la cabeza y hasta no dar con ese diseño, no quedamos contentas.
Por otra parte no me gusta tirarlos y aún recuerdo con afecto, algunos que tuve que regalar, porque la casa estaría repleta de zapatos y digo: tales…hoy vuelven a usarse
Cuando mis hijas eran pequeñas, les compraba los más bonitos de colores: azul, colorado, a cuadritos, blancos, suela, con presillas, con pulsera, con botoncitos primorosos.
Como todas las nenas, jugaron con mis zapatos, y también pasaron por la etapa “estos son muy altos para mi estatura”, ahora se compran tacos, no tan altos, pero prefieren-como yo- las zapatillas.
No sé por qué esta reseña referida a zapatos. Debe ser un modo de pensar los pasos.