Cuando yo era muy chica
mis tíos vivían bastante lejos y mi abuela me llevaba a visitarlos.
Decía”tenemos que tomar el tranvía con combinación”. Como por ese entonces las
señoras usaban una prenda íntima llamada combinación yo no entendí hasta grande
de qué hablaba, se trataba de tomar un tranvía y luego otro transporte urbano.
Los asientos de los
tranvías eran de maderitas, pasaba un guarda cobrando los boletos- creo-.
En una oportunidad,
después de recorrer la distancia correspondiente mi abuela se paró y me dijo
que descendíamos.
No sé cómo sucedió porque
ella era muy atenta y nos cuidaba a mi hermana y a mí casi por demás, pero la
cuestión es que al llegar a la esquina, donde teníamos que bajar, ella lo hizo
y a continuación el tranvía arrancó y yo quedé en el escalón.
Uno no puede imaginar qué
cosas pueden cruzársele por la mente a un niño pequeño.
Si de algo me acuerdo es
de que tenía puesto un vestidito claro, zapatitos de presillas y medias cortas,
casi seguro era verano, y después poco y nada…Sólo que debo haber pensado que
perdía para siempre a mi abuela, que seguiría rodando sola en ese tranvía, por
esas vías…vaya a saber hasta cuándo…hasta dónde…
Todo tuvo que ocurrir
velozmente, pero yo lo repaso como una película, como una escena teatral….no sé
si grité, si el tranvía se detuvo o si yo me tiré…Pero sé que tuve mucho miedo
y después una vergüenza adulta, por haber hecho algo equivocado.
Mientras vivió mi abuela,
jamás le pregunté los detalles.
Qué frágil es la mente de
un niño, qué improntas pueden quedar para toda la vida…