BAJO LAS LILAS ES EL PRIMER LIBRO QUE RECUERDO HABER LEÍDO- DE MUY NIÑA- EDITADO SIN ILUSTRACIONES, o muy escasas- portada y aisladas en capítulos- (quiero significar: primer paso hacia una literatura sin apoyo visual, que es lo que requieren generalmente las publicaciones infantiles) Lo cito porque creo que no sólo lo cercano (en tiempo y espacio) es grato a un lector. Niños y adultos gozamos de viajar con el imaginario, escuchar otras voces, pensar otros lugares y realidades.



Lo que aparezca en mi blog, sin referencia externa, puede ser utilizado citando la fuente.

Contacto:isamirna@yahoo.com.ar


Muchas gracias a los que envían comentarios a mi correo!

lunes, 27 de junio de 2011

Nadira Cuentacuentos

(Cuento para ser contado)

 Nadira cuenta cuentos. No es una señora apacible. Más bien es una persona- diría yo- estrafalaria.
Anda subida a unos tacones con los que camina un poco inestable y se pinta los labios, los ojos, las mejillas, todo sobre una base cremosa como manteca de campo.
Siempre la acompaña un bolso enorme, de diseño multicolor
Tiene el pelo rojo (creo que teñido) y no quiere usar anteojos, aunque ya tiene algo de presbicia.
Y es hermosa, muy hermosa, aunque a veces parezca disfrazada.
Hoy le pedimos, como siempre que nos visita, que nos hiciera un relato, de esos que saca de la memoria o inventa.
 
Así que ahí nomás, sin hacerse rogar, se acomodó en la silla que más le gusta y empezó a relatar.
¿Alguna vez les conté que mi abuelo era un árabe poderoso? Ah, sí… tenía poderes, como el de convertir baratijas en objetos valiosos. Fue así como hace mucho tiempo, alrededor del año mil novecientos, llegó a este país en un gran barco que traía inmigrantes.
Los que lo recibieron no entendían su idioma, entonces ahí nomás le cambiaron el nombre y el apellido y le pusieron uno que supongo les gustaba.
Desde ese momento se convirtió en Santiaguito, claro que al crecer todos empezaron a llamarlo Don Santiago. Quizás en honor a su estrenado apelativo y a poco de llegar se fue a trabajar a Santiago del Estero. La historia no cuenta qué hizo allí, pero en la familia sabemos que terminó regresando y se instaló en la ciudad de Santa Fe, cerca del puerto, de la estación de ferrocarril y de la usina eléctrica.
Así con sus habilidades, aprendió rapidísimo a conversar en castellano, convirtió vituallas en monedas contantes y sonantes, a las monedas las mudó en billetes de un peso- que tenían mucho valor en esos tiempos- con los billetes compró un almacén, con las ganancias del almacén, muchas mercaderías, con la venta de las mercaderías, hizo crecer el negocio, con el provecho de tales encantamientos llenó un baúl, hasta que decidió que más utilidad tendrían sus ahorros en el banco y un día se encontró con una cuenta importante, un bigote crecido, estanterías repletas de comestibles y bebidas, clientes y más clientes…se compró trajes y sombreros, para apariciones públicas; pero dentro del almacén siguió llevando delantal, vendiendo, cocinando, y en los ratos libres, leyendo el Corán en el patio de baldosas lleno de plantas con flores y macetones con helechos.
Ahí fue cuando todos empezaron a llamarlo por delante Don Santiago y por detrás “el turco”, apelativo que no le cuadraba, porque precisamente su país natal, estuvo en guerra con los turcos. Pero todos los “paisanos”, en esos tiempos tuvieron que asumir la confusión.
Algunos dicen que sus aptitudes procedían de los gatos, que eran sus amigos. Al amanecer se levantaba y preparaba carne a las brasas, acción que convocaba a todos los felinos del vecindario que acudían al llamado del olfato y a regodearse con los ricos asaditos.
Otros creen que dichos prodigios derivaban de sus ancestros que habían sido protagonistas de las maravillosas historias de “Las mil y una noches”. En fin, no sabemos, pero sí nos ha llegado que era un hombre de corazón abierto que en su gran casa albergaba a compatriotas desprovistos, y no toleraba que se maltratara a los niños o a los abuelos.
Cuando contrajo matrimonio, lo hizo con una criolla testaruda, que se oponía tercamente a las leyes del Corán- muy de avanzada y feminista- así que los domésticos eran los altercados más significativos de los que tenemos noticias.
Tuvo dos hijos. El predilecto era el varón, a quien le transmitió algunas cuestiones ancestrales, mientras la vida se lo permitió, pero no pudo transferirle sus recursos mágicos. Con la hija ni lo intentó, sin embargo creemos que antes de morir quiso hacerlo, pero ya su voz se había agostado tanto, que ella no comprendió sus palabras.
Lo cierto es que Don Santiago murió joven y los bienes acumulados- como era costumbre en su patria natal- pasaron al hijo varón primogénito (bueno, el único varón de la familia).
Éste era mi tío, al que seguramente por triunfo de mi abuela le pusieron de nombre Benito.
Benito era casi un adolescente al morir su padre, y aunque quiso hacerse cargo no tuvo el talento o hechicería de éste; así que fue haciendo lo que pudo.
Se casó con Elisa, tuvo seis hijos- seguro buscando el varón que fue el anteúltimo- y poco a poco fue perdiendo los bienes acumulados con sabiduría atávica.
Mi madre- Sofía, su hermana- se casó y abandonó la casa natal.
En sus recuerdos todavía persiste la casa antigua con rejas, el patio soleado donde cantaba tangos de Agustín Magaldi (que prefería a Gardel), sus tareas domésticas junto a la prima Elvira- que se convirtió en una de las protegidas de su padre al quedar huérfana, el almacén donde se vendía por centavos mercadería suelta, las comidas preparadas para empleados portuarios, del ferrocarril y de la usina eléctrica, las amplias mesas donde se alimentaban los compatriotas pobres de Don Santiago…y muchas cosas más que hoy no vienen a cuento.
Lo cierto es, y para no hacerles tan larga la historia, que Benito terminó vendiendo el almacén y repartiendo vino en un camión desvencijado.
Cuando nos visitaba, en casa de mis padres, era una fiesta, siempre nos regalaba algo, golosinas, besos que pinchaban, risas, potente voz portadora de alegrías inventadas, aroma a tabaco negro de cigarrillos Colmena.
El camión arrancaba si se le daba impulso con una manija, por la parte delantera. Esto ponía en marcha el motor, con grandes aspavientos.
Por alguna razón él quedaba impregnado de olor a combustible. Subía a la cabina maltrecha y desde allí saludaba, con las últimas voces de regocijo.
Mi abuela, que vivía con nosotros salía moqueando a saludarlo pidiéndole siempre que se cuidara y recomendándole mil cosas que seguro jamás cumplió.
Uno de esos días de visita, salimos todos a despedirlo. Comenzó el proceso para poner en marcha el vehículo, en una de esas, mientras nosotros contemplábamos el espectáculo sucedió algo que si se los cuento les va a parecer invento, pero igual lo voy a revelar, porque es hora de que nos dejemos convencer de que hubo tiempos en que sucedían portentos…y aún deben suceder, pero la gente no quiere contarlos.
El hecho es que cuando Benito empezó a dar manija, del radiador empezaron a caer monedas y billetes, muchas, muchas monedas, que brillaban reflejando las lágrimas de mi abuela y de mi madre. Sin espíritu práctico, nos quedamos mirando el tesoro. Cuando levantamos la vista, todos pudimos ver,-aunque mis hermanos y yo no lo conocíamos más que por fotos- a Don Santiago, joven, bien trajeado, con una corbata, un sombrero y pómulos sonrosados. Sonreía y aunque no descendió en ningún momento Benito y Sofía dicen que al oído les susurró secretos.
Nadira se acomodó la melena rojiza, casi sin registrar nuestro asombro y empezó a rebuscar en su gran bolso, hasta que encontró un libro donde se adivinaban imágenes:
Como Benito se llevó a la tumba el secreto y Sofía declara no recordarlo, les regalo “Las mil y una noches”, a ver si descubren algo…
Bueno, y me voy porque es tardísimo, tengo que regresar temprano para que no se enojen los duendes.


Isabel Bertero

jueves, 23 de junio de 2011

José Domenichini

Los santafesinos y los que estén de visita no pueden dejar de ver esta muestra, tan merecida por la calidad humana del pintor y por su legado. Es en el  Museo Municipal de Artes Visuales "Sor Josefa Díaz y Clucellas" San Martín 1490 - TE: 4593760





Y éste mi pequeño homenaje:

A José Domenichini (pintor)

Siempre el tiempo
Me ha jugado con descaro
(de regreso él
Y yo insensata)
Así que
He conocido gente
Llena de brillo
Y pasé con trivialidad
Su cercanía
Pero la memoria
Es menos tramposa que el tiempo
¡Y todo ese preámbulo para decir…!
Que ese hombre
De cabellos abundantes y plateados
De voz rica y sonora
Dejaba
Formas y colores
Para que vivieran. Siempre 
                     Isabel Bertero


Página de José Domenichini: http://www.josedomenichini.com.ar/

martes, 21 de junio de 2011

El invierno de la salamandra

Este no es un invierno como cualquier otro. Este año mi papá ha instalado una salamandra en la casa. Así que estamos más calentitos. Se la regaló un señor que la tenía en una quinta muy grande, pero ahora- como ya está muy viejo- sus hijos insistieron en que mejor era poner calefactores a gas, y según mi padre prácticamente  le tiraron a  la basura el artefacto que él conservaba desde hacía mucho tiempo.
Cuando mi pa la trajo, Don Alcides, el vecino, nos dio todas las instrucciones para que quedara bien colocada y no se hiciera mucho humo adentro.
Es de hierro negro y tiene un caño que va hasta el techo que hace que el calorcito nos abarque a todos. Un aparato grande, que se traga toda la leña que mis hermanos y yo podemos conseguir. Buscamos maderas por todas partes, recorremos el barrio y siempre encontramos algo; en algunos lugares todavía quedan pedazos de troncos y  ramas de las podadas de otoño. Yo soy amigo de Roque que es empleado Municipal y él me orienta bastante, para señalarme adónde podemos buscar.
A veces, Don Celeste, que vende carbón y  leña, nos regala algunas piezas que son las que más nos gustan porque están sequitas, arden enseguida y tienen rico olor.
De la sombra a la luz
También hay  un señor que vive solo porque sus hijos y su esposa no quieren estar con él; dicen que el lugar está lejos de la civilización (repito lo que declara a quien quiera oírlo). Este señor tiene un encargado que le trae trozos gruesos de árbol sin corteza; cuando nos ve buscando, siempre nos regala un poco. En fin, nos vamos arreglando.
Mi papá trabaja de albañil, a veces nos lleva a ver casas que ayudó a construir, algunas son mansiones, otras más sencillas.
Mamá trabaja de empleada doméstica. Las  señoras para quienes hace las tareas la quieren mucho, y siempre le están regalando cosas. Este invierno nos consiguió calzado, menos para Rita que tiene los pies muy chiquitos, pero igual no quedó en patas, porque las maestras del jardín le dieron unas botitas de cuero, usadas,  pero buenas todavía, y le dijeron que las cuidara para no tener que faltar a la escuela. Así que mamá le compró unas zapatillas  de “entrecasa” en la feria de usados. A éstas mi hermanita no se las quiere poner, porque dice que no le sirven para patear la pelota, que es un juego que le encanta.
A mamá también le regalaron medias gruesas y abrigos. Se queja de que de un invierno a otro no nos queda nada, porque crecemos mucho y además dejamos todo “a la miseria”, ni se lo puede pasar a los más chicos.
Los hermanos somos cuatro en total, yo, el más grande, por eso soy el que se encarga de que las cosas anden bien cuando los viejos no están en casa.
A mediodía todos comemos en el comedor de la escuela. La comida es rica, aunque a veces me quedo con hambre, cuando nos dicen que no se puede repetir porque hay poco.
Mis hermanitos y yo por suerte devoramos lo que nos sirven, porque al que  deja y empieza con que no le gusta, le dicen que si no come no podrá crecer y todo eso. Algunos chiquitos lloran, los más grandes se burlan, al final todos se acostumbran.
La señorita Norma, que es la  Directora de la tarde, llega temprano a propósito y va al Comedor para acompañarnos,  es muy buena, y aunque los más chiquitos no terminen el plato, no se enoja y les da igual la fruta o el postrecito, medio oculta de las otras señoras que trabajan ahí, que se enojan para bien nuestro porque la polenta y los guisos vienen de lujo para el invierno y calientan la panza…no es cuestión de ser delicados.
Ahora que tenemos la salamandra, cuando llega la noche tiramos cerca los colchones y también vienen los perros, que están acostumbrados a dormir cerca de nosotros. La que más se me acerca es la Clota, que me sigue hasta cuando voy a la escuela, y el portero Carlitos la tiene que echar para que no se meta en el salón de clases.
Ayer le conté a la maestra que tenía salamandra y lo del calorcito y todo lo demás; me dijo que tuviéramos cuidado, no fuéramos a armar un incendio o a intoxicarnos. No sé cómo si todo está bien armado y papá y mamá se preocupan para que las cosas anden lo mejor posible.
Por ejemplo, hace una semana que llueve, entonces papá no pudo ganar nada porque le pagan el día y no pudieron seguir con la obra, pero mamá se la ingenió para que sus patronas le adelantaran plata y todas las noches comimos tortas fritas que estaban riquísimas y mate cocido con leche; la leche la consiguió papá en Bienestar Social.
Además la leña no se mojó porque nosotros tenemos casa de material, y apenas se llueve en algunas esquinas donde las chapas son muy viejas. Como papá sabe construir y desde chiquito trabaja de peón de albañil, fue haciendo nuestra casa, que no es lujosa, pero tiene ladrillos en las paredes y piso de cemento.
Tanto hablé de la salamandra, que la señorita Raquel que es bibliotecaria y a veces nos cuenta o nos lee historias muy lindas, nos contó una que me dejó en otro planeta.
El cuento decía que hace mucho, mucho tiempo, un dios llamado Prometeo que vivía en una especie de paraíso o cielo llamado Olimpo les regaló a los hombres el fuego, entonces otro dios llamado Zeus se enojó porque decía que el calor era sólo para quienes vivían en ese reino y porque al dar el fuego a los hombres los dejaba conocer a unas hadas muy antiguas, llamadas salamandras, muy respetadas por viejas y sabias.
Parece que con el correr del tiempo se comprobó que a estas hadas no les gustaba cómo usan los hombres el fuego, por eso los castigan a veces, y son las causantes de las quemaduras.
La salamandra, nos explicó la seño Raquel, es un animal real que puede vivir en la tierra o en el agua y  tiene cola de reptil.
Decía la historia que para que siempre nos acordemos de ellas, de vez en cuando aparecen entre las llamas, con dos ojos que brillan y sacuden la cola para demostrar que están furiosas.
Esa noche, cuando nos fuimos a dormir, estuve largo rato mirando, tanto miré que por momentos me parecía ver como una cara entre las brasas.
No conté nada, para que en mi casa no se asustaran, pero me abracé fuerte a Clota, por si acaso.
Al rato debo haberme quedado dormido porque lo que sigue seguro que fue un sueño.
De las llamas salió un precioso bicho, de piel brillante, como de fuego y se me acercó despacito. Me sopló al oído con suavidad y me dijo:
-         Soy una de las hadas del fuego. Pero no estoy enojada con los chicos ni los grandes que necesitan calor en el invierno. Me alegro de que puedan estar vos y tu familia aquí, cerca mío, lejos de las calles donde el viento corre y las plantas se congelan. Siempre que alimentés estas llamas estaré para protegerlos, para que descansen y no se enfríen en las noches heladas.
Cuando me desperté,  las brasas todavía estaban rojizas, aunque muchas se habían apagado. Yo, por si acaso, busqué cáscaras de naranja, que mamá guarda para ponerle al mate y las tiré por la boca de la salamandra, para darle alimento y sobre todo para recordarle su promesa.
                    Isabel Bertero 


jueves, 16 de junio de 2011

Día del padre

ÉSTA VA COMO TARJETA...ACTUAL (agrandá con clic sobre las imágenes)


Y UN POCO DE HISTORIA
En mi infancia, en los actos escolares recitábamos largas poesías (a más largas mejor). Habré tenido cuanto más nueve años cuando tuve que memorizar “Mi Padre” de Juan de Dios Peza.
Todavía recuerdo cómo me costó no olvidar el orden exacto de cada vocablo y cada verso. Caminaba por el patio de mi casa repitiendo las estrofas.
Al poema, no lo había elegido la maestra, sino que ella había pedido que buscáramos poesías para el padre en libros de nuestras bibliotecas familiares. Así que ahí fui con mis "350 poesías para niños" y como los otros poemas sobre el tema en cuestión eran muy breves tuve que aprender el antes mencionado.
Toda la vida mis padres recordaron y se enorgullecieron de mi participación (papá seguramente no habrá estado presente por cuestiones de trabajo).
No creo haber comprendido ni la mitad del significado, pero sé que las palabras me sonaban bellas, conmovedoras (de hecho, lloró más de uno cuando llegó el día y letra a letra las repetí en el escenario de tablas de la vieja escuelita “Patricio Cullen") Sé además que mi padre hubiera merecido un poema de antología.
Éstas son las imágenes del libro real, con"los arreglos" de Agustina, mi hija, cuando era chica.




La identificación, con la letra prolija de mamá. En los arreglos ya nos había invadido "Sailor Moon"




martes, 14 de junio de 2011

Un amor de Belgrano

EL 11 DE junio de 2010 en la entrada "DEL CUADERNO DE LA SEÑO...Una escena en la época de Belgrano"  terminé expresando: Otro día les contaré chismecitos más sabrosos, por ejemplo de los amores de Manuel, pero eso… ¡Será otro día!
Me pareció que El cuento de Osvaldo Soriano "Un amor de Belgrano" de Cuentos de los años felices (Parte II- Otra Historia) EDITORIAL SUDAMERICANA,BUENOS AIRES 1993, puede contribuir a proyectar desde otra dimensión la figura del prócer. Comprender desde lo humano. Desmitificar el bronce y recuperar la historia más allá de la ficción literaria.
Lo transcribo:
Un amor de Belgrano
¿Cómo contarlo al pobre Belgrano? ¿Con qué colores pintarle diez años de guerra y de infortunio? ¿Qué instante de su vida elegir para evocarlo mejor? Pongamos primero los de las efemérides escolares: los jubilosos de Tucumán y Salta; los nefastos de Vilcapugio y Ayohuma; los del rebelde que levanta una bandera propia para acelerar la marcha de la Historia. Pero sobre todo los del amante otoñal y olvidado que guerrea en el norte a la espera de que San Martín caiga sobre el Perú.
En 1818 ya han muerto los sueños de revolución y la guerra civil entre porteños y provincianos ha desatado odios que van a prolongarse hasta hoy. Belgrano, que en Tucumán cuida la retaguardia de los guerrilleros de Güemes, impone una disciplina espartana: se acaban los bailes, las mujeres y la baraja. San Martín y Paz se asombran y lamentan la dureza de ese civil al que las circunstancias han hecho militar. Por las noches recorre las calles con una ordenanza e irrumpe disfrazado en los cuarteles para sorprender a los oficiales desobedientes. Es de acero ese jacobino católico al que llaman despectivamente Bomberito de la Patria. En pocos meses funda varias escuelas, una academia de matemáticas, una imprenta y manda sembrar huertos para pelear contra el hambre que le mata los caballos y debilita a la tropa. Curioso personaje este nieto de venecianos del que San Martín escribe: "Es el más metódico que conozco en nuestra América, lleno de integridad y valor natural; no tendrá los conocimientos de un Moreau o Bonaparte en punto a la milicia, pero créame usted que es el mejor que tenemos en América del Sur".
¿Cómo es? "De regular estatura, pelo rubio, cara y nariz fina, con una fístula casi imperceptible bajo un ojo; no usa bigote y lleva la patilla corta. Más parece alemán que porteño." En Buenos Aires ha tenido amores tumultuosos de los que le ha nacido un hijo clandestino que Juan Manuel de Rosas cría y ampara bajo el nombre de Domingo Belgrano y Rosas. Otra descripción de primera mano, dice: "Es un hombre de talento cultivado, de maneras finas y elegante, que gustaba mucho del tratar con las señoras".
¿Por qué se sacrifica? Por la libertad y la justicia. Esos valores que le han faltado durante los primeros cuarenta años de su vida serán la obsesión de los diez últimos. Y al final, derrumbado por la cirrosis y la hidropesía, trata de comprender por qué lo abandonará
"¿Ha creído usted acaso que yo pueda dudar de la legitimidad de los gastos que se hagan en ese ejército? —le escribe Pueyrredón—. No sea tonto, compañero mío y crea que así como usted me llora porque lo auxilie con dinero, yo lloro del mismo modo porque veo las dificultades. Usted siente las necesidades de ese ejército y yo con ellas siento las del de los
Andes, las del Este, las de los Enviados Exteriores y las de todos los pueblos." Entonces,
Belgrano se dirige a Saavedra: "Digan lo que quieran los hombres sentados en sofás o sillas muy bonitas, que disfrutan de comodidades mientras los pobres diablos andamos en trabajos; a merced de los humos de la mesa cortan, tallan y destruyen a los enemigos con la misma facilidad con que empinan una copa".
Es que su ejército de liberación no tiene donde caerse muerto: "Ni tiempo, ni suelas, ni cosa alguna tenemos: todas son miserias; todo es pobreza, así amigo que yo me entiendo", le escribe a Martín Güemes que le pide auxilio. Poco después, a Pueyrredón: "Todas son miserias en este ejército. No dinero, no vestuario, no tabaco, no yerba, no sal, en una palabra: nada que pueda aliviar a esos hermanos de armas sus trabajos ni compensar sus privaciones".
Y enseguida: "La deserción está entablada como un consiguiente al estado de miseria, desnudez y hambre que padecen estos pobres compañeros de armas".
Es un Belgrano achacoso, de chaqueta zurcida y botas remendadas el que se reencuentra de pronto con la niña Dolores Helguera. Ella es hija de una intocable familia tucumana y el general la ha conocido en los jubilosos días de victoria, cuando era una pecosa de trece años. Ninguno de los dos ha olvidado los primeros amores de 1813 a los que la familia de la muchacha puso fin casándola con un tal Rivas, de la aristocracia local. Por entonces, Belgrano aparecía a los ojos de los tucumanos como un plebeyo metido a revolucionario. Ya antes, en Buenos Aires, había desatado escándalos por sus entreveros con polleras honorables. Pero a los cuarenta y nueve años, destrozado por los combates y los sinsabores, se tropieza de nuevo con la adolescente que lo amó de viejo. En una de sus rondas la ve pasar, pero es tan poco lo que queda de aquel general victorioso, que no se anima a correr a su encuentro.
Lo que sigue es un mal folletín: Belgrano se entera de que ella vive en Londres, provincia de Catamarca, y manda a un hombre de confianza a que averigüe si ella todavía lo quiere. El chasque corre, pregunta, finge (sin saber que dice la verdad) estar al servicio de un general moribundo. Dolores Helguera se enternece y corre a verlo. El tal Rivas, que en el folletín hace de marido, está en Bolivia y como es un tipo prudente no se acerca a Tucumán.
El cura Jacinto Carrasco, que escribe la primera noticia, le inventa una separación para no manchar la memoria del amante perfecto. Cuando Dolores queda embarazada, Belgrano mueve cielo y tierra para ubicar a Rivas y protegerlo de las razones de Estado que ponen su vida en peligro.
Carta a Pueyrredón: "Repugna a mis principios arrebatar las propiedades y jamás entraré en semejante idea, por consiguiente nos veremos expuestos a no tener qué dar de comer al ejército (...) La desnudez no tiene límites: hay hombres que llevan sus fornituras sobre sus carnes y para gloria de la Nación hemos visto desnudarse de un triste poncho a algunos que los cubría para, resguardar sus armas del agua". Se acorta el tiempo para -
Belgrano, pero todavía le quedan algunos disgustos por y sufrir. En 1819 la Revolución ya es una parodia y todo se le escapa de las manos: la mujer que le niegan y el ejército que se le subleva. "De resultas de la Revolución se vio abandonado de todos; nadie lo visitaba, todos se retraían de hacerlo", cuenta su amigo Celedonio Balbín. El gobierno lo manda a Santa Fe y el 4 de mayo de 1819, nace la hija, Manuela Mónica. En agosto, Belgrano se siente morir y vuelve a Tucumán para reconocerla como suya. Llega en camilla, echando espuma por la boca y agarrotado por los calambres. Temeroso de nuevas calamidades, un capitán de nombre Abraham González subleva a la tropa, insulta y maltrata al propio general. Es el fin: con la plata que le presta Balbín, emprende el último viaje. Lo acompañan su médico, un capellán y el padre de Dolores: "Cuando llegaban a una posta lo bajaban cargado y loconducían a la cama". Es tal el odio que los provincianos alzados en armas profesan a los porteños, que el viaje es una odisea. Cuenta Balbín: "Al llegar al campo de Cepeda, a pocos meses de la batalla, en el patio de la posta donde pasé me encontré con dieciocho a veintidós cadáveres en esqueletos tirados al pie de un árbol pues los muchos cerdos y millones de ratones que había en la casa se habían mantenido y mantenían aún con los restos. Al ver yo aquel espectáculo tan horroroso fui al cuarto del maestro de posta al que encontré en cama con una enfermedad de asma que lo ahogaba. Le pedí mandase a sus peones que hicieran una zanja y enterrasen aquellos restos, quitando de la vista jaquel horrible cuadro y me contesta no haré tal cosa, me recreo con verlos pues son porteños. A una contestación tan convincente no tuve qué replicar y me retiré al momento con el corazón oprimido".
El 20 de junio de 1820, mientras los caudillos del interior entran en Buenos Aires, el hombre fuerte de la revolución se muere olvidado, lejos de sus amores prohibidos.

Osvaldo Soriano


La hija de Belgrano:  Manuela Mónica del Corazón de Jesús Belgrano



Batalla de Ayohuma






Imágenes en : http://www.revisionistas.com.ar/?p=2361
http://ana-di-cesare-y-gerSonimo-rombola.lacoctelera.net/post/2009/10/18/belgrano-penurias-del-corazon
Vínculo interesante para docentes: http://www.buenosaires.gov.ar/areas/ciudad/historico/especiales/20junio/2011/1ciclo.php?menu_id=33944

viernes, 10 de junio de 2011

ÁRBOL DE PALABRAS II




















Las  palabras arraigan en la inteligencia y crecen con ella, pero traen antes la semilla de una herencia cultural que trasciende al individuo. Viven, pues, también en los sentimientos, forman parte del alma y duermen en la memoria.
Y a veces despiertan, y se muestran entonces con más vigor, porque surgen con la fuerza de los recuerdos descansados.
Son las palabras los embriones de las ideas, el germen del pensamiento, la estructura de las razones, pero su contenido excede la definición oficial y simple de los diccionarios. En ellos se nos presentan exactas, milimétricas, científicas… Y en esas relaciones frías y alfabéticas no está el interior de cada palabra, sino solamente su pórtico. Nada podrá medir el espacio que ocupa una palabra en nuestra historia.

Álex Grijelmo. La seducción de las palabras. Punto de Lectura (2007)

lunes, 6 de junio de 2011

Graciela

Graciela, foto antigua
                 "explicar con palabras de este mundo
                        que partió de mí un barco llevándome"
                      Alejandra Pizarnik de: ÁRBOL DE DIANA (1962)







La bondad es vulnerable.
a la culpa                                                         
al miedo                                                     
a los mandatos
Dar otra vida           
Resguardos
Pero no.
Eludiste
quizás para ventura
Nada sabemos de ese territorio
Allí
Perduran amores
continuidades                                                                                                     
y memorias elegidas
Nos alejamos
Nos protegemos
Designamos,
desertamos para que versados
Hurguen
y des nominen
con resguardo ilustrado.
Ajenos a la esencia
de lo profundo
del arrojo de vivir
(haber vivido)
con un yo saqueado
Intrusos
a tu inteligencia
a tus devociones

Es que hay un mundo
Ponderado
Glacial al desorden

OTRA ENTRADA SOBRE GRACIELA:
http://bajolaslilas.blogspot.com.ar/2012/04/primer-dia-de-clases.html

jueves, 2 de junio de 2011

Regalo que es lenguaje.

El emisor, Jacrist, que aprecia las pseudohabilidades culinarias del receptor, Isabel, envía un mensaje, que podés mirar fotografiado.
Los códigos: envases, colores, etiquetas, indicios de sabor, posibilidades gastronómicas .
Canal: sentidos.
El referente es el vínculo de afecto, las representaciones compartidas.
(No entremos en disquisiciones sobre la imágenes que reproducen -muy complejo para la finalidad-. Pensemos desde una visión holística)


        Productos venezolanos: azúcar, frutas para untar,crema de chocolate 

"La cocina ha sido comparada con el lenguaje, como éste posee vocablos
(los productos, los ingredientes) que se organizan según reglas gramaticales
(las recetas que dan sentido a los ingredientes transformándolos en platos),
 sintácticas (los menúes, o sea, el orden de los platos) y retóricas
 (los comportamientos sociales)".
                                               Montanari, Massimo(2004) El mundo en la cocina
                                                                                   Buenos Aires, Piadós.

"Esta analogía de sistemas funciona asimismo en el plano simbólico
porque la cocina incluye y expresa la cultura, las tradiciones y la
identidad de una sociedad.
La cocina sirve como vehículo de autorrepresentación,
pero también de comunicación. Es un instrumento de identidad
cultural y una vía para establecer relaciones diferentes y mediar
entre distintas culturas; una vía que se va modificando y redefiniendo
 a lo largo de la historia.
El acercamiento y la comparación con el otro permiten determinar
 la propia identidad ya que ésta no existe sin el intercambio;"
                                                          Revista de Estudios Clásicos, nº 32, año 2005, F.F.y L.,
                                                                          Mendoza, Argentina, ISSN 0325-3465

“El discurso culinario ofrece una gran variedad de posibilidades que permiten
 tener un conocimiento más extenso de los usos y costumbres de la cultura.
El mensaje culinario, se encuentra ahí, sobre las mesas, en los mercados y
restaurantes, está por todos lados y a diario es posible tener contacto con él.
 La acción de comer no sólo es ingerir, masticar y tragar, sino que cada vez
que se mire un platillo, se olfateé y se deguste, también se está teniendo
contacto directo con el pasado, con la herencia cultural y con los caminos
recorridos por un pueblo a lo largo de la historia.”
                                             De: ¿Cómo comunica la comida? Una perspectiva semiótica
                                                           Revista Investigación Científica, Vol. 4, No. 2, Nueva época.
                                                                                   Mayo - Agosto 2008